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Soñar con los ojos abiertos.
Las treinta lecciones de Stanford
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Fernando Birri. Editorial Aguilar. Buenos Aires, 2007. 400 páginas.

 

Pilar fundamental (y fundacional) del Nuevo Cine Latinoamericano, Fernando Birri es hoy, con sus 82 años, el hombre más sabio de la aldea. Artista integral (cineasta, poeta, titiritero, pintor y maestro en el arte de la conversación), Birri desarrolló a lo largo de su vida, una extensa actividad creativa acompañada de una invalorable labor pedagógica. Fundó dos centros educativos: la Escuela Documental de Santa Fe (Argentina) y la Escuela de Cine de San Antonio de los Baños (Cuba). No obstante, ejerció la labor docente en distintas partes del mundo, bajo la forma de seminarios, talleres o “clases magistrales”. Una de esas experiencias –las treinta lecciones del seminario que dictó en la Universidad de Stanford (Estados Unidos) durante 2001 y 2002-, toma la forma de este libro que lleva por título un “mantra” que acompaña y define a su autor desde siempre: Soñar con los ojos abiertos. Inspirados por ese lema, se agrupan treinta textos (uno por cada clase del seminario), divididos en tres capítulos (uno por cada trimestre de clases), en los que Birri hace, primero, un repaso descriptivo de su propia filmografía; luego, un análisis relacional de algunas de las películas y directores más significativos del Nuevo Cine Latinoamericano (arranca con Buñuel y termina con Solanas, pasando por Rocha, Pereira dos Santos, Gutiérrez Alea y Sanjinés, entre otros). Por último, el índice propone una puesta en contexto del surgimiento de aquel nuevo cine, en el marco de la problemática cultural y el desarrollo de las otras artes, que experimentó Latinoamérica durante el siglo pasado. Con un lenguaje ameno pero rico en sentidos, Birri va develando la génesis y la naturaleza de una cinematografía (la suya y la de sus compañeros) que supo ser fiel reflejo de la realidad político-social de su época y que, a la vez, se propuso como motor de un cambio que, cincuenta años más tarde, nuestro presente aún reclama. En ese sentido, Soñar con los ojos abiertos puede ser leído como una apasionante disección del movimiento cinematográfico más importante del continente, o como la primera parte de una épica que solicita (e impulsa) su continuación.

Cine y literatura.
Horacio Quiroga. Editorial Losada. Buenos Aires, 2007. 384 páginas.

 

Tras una breve introducción del profesor Jorge Lafforgue y un estudio preliminar a cargo del escritor y periodista Carlos Dámaso Martínez, Cine y literatura ofrece al lector -también al cinéfilo- la posibilidad de explorar, en toda su extensión, la obra periodística que Horacio Quiroga produjo en su condición de primer cronista cinematográfico argentino. Ésa es la esencia de este libro: una completa antología de notas, publicadas entre 1918 y 1931 en el diario La Nación y en las revistas Caras y Caretas, El Hogar y Atlántida, en las cuales, Quiroga dejó testimonios elocuentes de su fascinación por el séptimo arte. Los temas tratados son muchos, pero hay algunos que se repiten con el paso del tiempo, como si se tratara de obsesiones. Entre ellas: la preocupación por definir el cine y el teatro como artes autónomas y diferentes, la crítica implacable a la mayor parte de la producción nacional de aquellos primeros años, a raíz de la precariedad de sus recursos artísticos, la valorización del primer plano como expresión singular del lenguaje cinematográfico, la exaltación del cine estadounidense, al que no duda en ubicar como paradigma del nuevo arte. Con rigurosidad analítica (es capaz de desglosar el argumento completo de una película para explicar dónde reside “la falla”), pero sin eludir la frivolidad propia del espectáculo (abundan las observaciones sobre las “estrellas” femeninas y algún que otro comentario sobre los amores y desamores en la farándula), Quiroga asume su condición de cronista “privilegiado”, al tiempo que mantiene intacta su capacidad de goce como espectador “común”. El libro se completa con una perla para fanáticos: La Jangada, un guión original del autor de Cuentos de amor, de locura y de muerte quien, como tantos otros narradores frente a la aparición del cinematógrafo, se vio tentado de trascender las límites de la literatura. Si es cierto que la obra de un autor no reconoce circunstancias de género o formato de publicación, estas piezas –a veces críticas, a veces descriptivas- pueden ser concebidas parte crucial de la producción mayor desesperada y genial que firmó Horacio Quiroga.

Audiovisuales de combate.
Acerca del videoactivismo contemporáneo
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Gabriela Bustos. Editorial La Crujía. Buenos Aires, 2006. 176 páginas.

 

Lo primero que hay que decir es que este libro es el resultado de una investigación realizada por la Licenciada en Ciencias de la Comunicación Gabriela Bustos, en el marco del Programa de Ayudas e Investigaciones en Artes Visuales (2005), organizado por el Centro Cultural de España en Buenos Aires (CCEBA). Se trata de un estudio sobre las principales manifestaciones de videoactivismo contemporáneo (lo que habitualmente se denomina “cine militante”). El libro está dividido en varios capítulos. El primero de ellos rastrea los antecedentes directos de los movimientos y grupos de videoactivistas de la actualidad y los componentes sociales, políticos y económicos que configuraron su campo de acción. El segundo capítulo ofrece un detallado repaso por los principales grupos y colectivos en actividad desde finales de los años ochenta, incluyendo un relevamiento de la filmografía de cada uno de sus integrantes. El tercer capítulo analiza las estrategias comunicacionales de cada grupo (encuadrándolas en sus correspondientes modalidades discursivas), a partir del estudio de sus manifiestos fundacionales. Por último, el cuarto capítulo revive los acontecimientos del 19 y 20 de diciembre de 2001 y confronta los diferentes imaginarios políticos que cada grupo construyó en torno a esas jornadas históricas. Abundante en información, ordenado en su exploración del universo del cine-video militante que supo construir la Argentina en las dos últimas décadas, el libro de Bustos se convierte en una referencia insoslayable para todos aquellos estudiosos o interesados en conocer a fondo la producción de dicho campo audiovisual. Sólo cabe señalar la desafortunada ausencia de los textos completos de cada Manifiesto que, sin lugar a dudas, hubieran enriquecido y completado el valioso trabajo de investigación.

Cine y totalitarismo.
Lisa Block de Behar y Eduardo Rinesi (editores). Editorial La Crujía. Buenos Aires, 2007. 220 páginas.

 

Lisa Block de Behar (Profesora de Análisis de la Comunicación de la Universidad de la República, Uruguay) y Eduardo Rinesi (Investigador y profesor de problemas de filosofía, política y comunicación, además de Director del Instituto de Desarrollo Humano en la Universidad Nacional de General Sarmiento, Argentina), compilaron y editaron las quince ponencias del Coloquio realizado en noviembre de 2005, en el Museo Nacional de Artes Visuales de Uruguay, que componen este libro. El tema de ese encuentro –y por ende, del libro que reseñamos aquí- es la vinculación entre el cine y el totalitarismo, entendido este último como régimen político y como concepto filosófico. Como bien aclara el propio Rinesi en el prólogo, se trata de explorar la “co-incidencia”, es decir, las áreas de contacto que pudieran existir entre ambos mundos, y los efectos concretos generados por esa relación. Como toda recopilación de trabajos escritos por distintos autores, el resultado general es de calidad despareja. Entre los más destacados y bien provistos de ideas, cabe mencionar el de Gustavo Aprea (“¿Existe un cine totalitario?”), en el que el autor repasa minuciosamente el corpus cinematográfico de cada uno de los principales regimenes dictatoriales y va desandando el camino hasta revelar la verdadera naturaleza del cine totalitario: “la construcción de una mirada fascinada por la naturalización de un orden convencional y arbitrario”. Otro tanto se puede decir del texto de Ronald Melzer (“La artista irresponsable”), un exhaustivo análisis sobre la obra de Leni Riefenstahl y la “irresponsabilidad” con la que la cineasta puso su cine al servicio de un sistema autoritario y destructor. Con todo, Cine y totalitarismo es un buen punto de partida para la discusión de un tema que lejos está de haberse agostado en estas páginas.

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