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El
custodio.
Rodrigo Moreno. Editorial Catálogos. Buenos
Aires, 2007. 112 páginas.
De El custodio
subyugan la narración callada y viscosa, la geometría de la imagen, la
delicada e imprevista correlación de esas cualidades con el carácter del
personaje principal, cuyo oficio da título a la película. En este
sentido, la frugalidad de parlamentos propuesta por Rodrigo Moreno
-director y autor del guión-, colaboró con la puesta en primer plano de
la circunstancia de una criatura que ganó expresividad gracias a la
precisa gestualidad corporal de Julio Chávez. Al leer el guión de El
custodio que acaban de publicar la Universidad del Cine y Editorial
Catálogos (título inaugural de la “Colección Los guiones” que ya anuncia
El otro, de Ariel Rotter y El abrazo partido, de Daniel
Burman), es fácil imaginar a Chávez ajustándose la piel crispada de
Rubén, un hombre intoxicado de cautela y evangelios clandestinos en los
que se anudará el desenlace de la trama. A un costado estas
consideraciones, vale la pena replicar el interrogante que expone
Rodrigo Moreno en el prólogo del libro: “¿Por qué publicar un guión que
ya fue filmado?”. Acaso destinado a estudiantes de cine, de artes
combinadas y/o de literatura, a críticos, cinéfilos o meros, insaciables
curiosos, El custodio -libro- devela el mapa de procedimientos y
expectativas formales que, en ocasiones, preceden a la filmación de un
largometraje. En el caso específico de Moreno, cabe mencionar, se ocupó
también de obtener registros documentales de la rutina de un custodio
“de verdad” que, a la hora del rodaje, le sirvieron de borrador de
planos, encuadres y perspectivas. Así, el lector tendrá en sus manos la
antología de indicaciones escénicas y diálogos que configuran el guión,
tal como fueron escritos y utilizados durante la ejecución del filme.
También se incluyen dibujos y anotaciones manuscritas del director, y
fotos fijas del rodaje, realizadas por Florencia Blanco. Materiales que,
en conjunto, sirven para espiar la compleja máquina de hacer cine. |
Cinema.
Historia del cine italiano.
Sergio Belinche y Matilde Zumbo. Editorial La
Crujía. Buenos Aires, 2006. 272 páginas.
Aunque desde su
contratapa se afirme que “transitar la historia del cine italiano no es
solamente recorrer el camino de un hecho artístico”, sino que “implica
también analizar y comprender un tramo importante de la historia social,
política y cultural, tanto sea de Italia como de varios países de
Occidente”, tal afirmación no resulta del todo verificable en las
escasas páginas de este libro. Si bien no hay porqué dudar del sincero
amor que los esposos y co-autores de Cinema confiesan tener por
la cultura italiana (Sergio Beliche es Ingeniero y ejerce como docente
secundario mientras que Matilde Zumbo se graduó como Profesora en lengua
y cultura italiana y da clases en la cátedra de Introducción a la
Historia del cine italiano del profesorado de Letras del ISFD Nº 41, en
la Provincia de Buenos Aires), el abordaje historiográfico elegido por
ellos resulta más una colección de “hitos”, “nombres” y “momentos”
emblemáticos de dicha cinematografía, antes que un estudio acabado de
las relaciones sociales, políticas y culturales que confluyeron en ella
a lo largo de su historia. No obstante, la adecuada estructuración del
contenido (organizado en siete capítulos con tres partes cada uno:
contexto histórico-artístico, protagonistas del período en cuestión y
películas más representativas de cada período), facilita la búsqueda de
datos y/o informaciones puntuales, lo cual convierte al libro en una
fuente primaria de consulta o, si se quiere, en un buen “referente” a la
hora de iniciar un análisis más profundo sobre algunas de las etapas del
cine italiano que, en Cinema, se proponen sintetizadas (la del
cine mudo, la fascista, la del neorrealismo, la del cine de autor, la de
los años 70 y 80 o la del cine contemporáneo, entre otras). |
Pedro
Almodóvar.
Jean-Max Méjean. Ediciones Robin Book. Buenos
Aires, 2007. 204 páginas.
¿Qué materiales y qué
referencias a esos materiales hay que reunir a la hora de reconstruir la
biografía de un artista? Antes que eso, ¿qué sucesos, públicos e
íntimos, sirven para conjeturar una biografía condenada a pendular entre
la realidad y la ficción? Cuando la faena tiene por objeto a Pedro
Almodóvar, cronista de “su época”, en papel y en celuloide, la cosa
parece ser menos sencilla. Acaso porque a Almodóvar le ocurre lo que a
otros cineastas que tienen por costumbre “anotar” su propia obra (antes,
durante y luego del rodaje): el público y el periodismo de vuelo corto,
entienden que su vida es cautiva de y tributa a sus historias. Ciñéndose
a esta perspectiva, Jean-Max Méjean “lee” cada filme, literalmente, como
una suerte de efecto provocado por la causa almodovariana la que, no
obstante, queda sin develar en sus líneas más profundas. No conforme con
esa poco exhaustiva transcripción, Méjean transcribe sin empacho, largas
parrafadas de dos esfuerzos previos: el de Paul Obadia (Pedro
Almodóvar, l’iconoclaste) y el de Frédéric Strauss (Pedro
Almodóvar, un cine visceral: conversaciones con Fréderic Strauss).
Así las cosas, Méjean es indiferente o prefiere abstenerse de debatir en
torno a los géneros de la verdad (por ejemplo, la biografía) o de la
verdad del género, a pesar de que la concepción estética de Almodóvar y
su práctica como director de dramas y comedias, le hubieran dado tela
para cortar. Sembrado de lugares comunes, prejuicios y reflexiones
pueriles (“Poco a poco, sin embargo, Pedro Almodóvar, cineasta de fama
mundial, parece haber abandonado todas las provocaciones underground
y algo infantiles que habitaban muchas de sus películas, evolucionando
de un modo cercano a John Waters, quien tras haber jugado durante años
la carta de la provocación con su personaje Divine (en Flamencos
rosas, 1972) y sus muchas desviaciones, se convirtió prácticamente
en un cineasta académico hollywoodiano (por lo menos desde un punto de
vista formal)”), el trabajo de Méjean no contiene novedades relevantes
para los estudiosos del realizador manchego. |
Cine
argentino.
Entre lo posible y lo deseable.
Octavio Getino. Ediciones Ciccus, 2ª edición. Buenos Aires, 2005.
400 páginas.
Ciccus reedita, siete
años después de su primera publicación, una obra fundamental para
comprender el desarrollo económico, político y cultural del cine
argentino. El trabajo de Octavio Getino (co-fundador del Grupo Cine
Liberación en los sesenta, Interventor del Ente de Calificación
Cinematográfica en los setenta, Director del Instituto Nacional de Cine
en los ochenta y, actualmente, coordinador del Observatorio de
Industrias Culturales de la Ciudad de Buenos Aires), representa uno de
los mayores (y fructuosos) intentos de analizar integral y críticamente
la situación actual, y las implicancias históricas, de la industria
cinematográfica argentina. Dirigido fundamentalmente a las nuevas
generaciones de cineastas, el libro de Getino radiografía con extremado
detalle y abundancia de datos estadísticos e históricos, el largo
proceso de desarrollo –con sus avances y retrocesos- que ha tenido el
cine nacional desde sus comienzos hasta el presente. Esta nueva edición
mantiene sin cambios la mayor parte del contenido original (esto es, los
capítulos “Historia y dependencia”, “Economía y dependencia” e
“Ideología y dependencia”), al tiempo que reemplaza los dos últimos
capítulos de la primera edición (“Cine e integración regional” y “A modo
de prólogo”), por uno nuevo (“Cine argentino: un puente entre dos
siglos”) que contempla el período 1997-2004, a modo de actualización.
Complementado con varios anexos documentales, Cine argentino
sigue siendo –más aún con esta “puesta al día”- una referencia
bibliográfica ineludible para todos aquellos interesados en saber cuánto
hay de posible en la concreción de un cine que, deseamos,
algún día represente –en la diversidad- al conjunto de la sociedad
argentina en todos sus aspectos. |
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