Junio 2005

 

por MARÍA IRIBARREN

 

Tener al alcance de la mano los objetos cinematográficos realizados a principios del siglo XX, es un buen pretexto para reconsiderar las circunstancias políticas y estéticas que acompañaron esas obras de vanguardia.

En cuanto a la Historia, las guerras europeas, la revolución rusa y el nazismo triangularon el acontecimiento que ofició de telón de fondo de los movimientos rebeldes. Dicho sea de paso, movimientos de doble circulación, toda vez que la ruptura que asumieron los vanguardistas tuvo al viejo orden burgués y al arte de esa calaña, como su blanco favorito.

No obstante, la envergadura de los eventos que inauguraron la crónica del "siglo corto" -en palabras de Eric Hobsbawn-, formateó los debates en torno a la creación y a las novedosas intervenciones de grupos, más o menos, organizados.

Básicamente, el concepto de vanguardia se articula con la puesta en práctica de tres utopías: diluir la frontera entre el arte y la vida, decirlo todo y de todas las maneras posibles y que el arte esté al alcance de cualquiera. Alentados por esa trama de convicciones políticas y estéticas, los futuristas -rusos e italianos-, los expresionistas, los surrealistas, los dadaístas y los cubistas, entre otros, sometieron a experimentación todo tipo de materiales, volviendo difusos los límites convencionales entre las prácticas artísticas y, en consecuencia, interpelando la idea de "obra de arte" tal como había sido concebida hasta ese momento.

Con denodado fervor, la literatura, la plástica y la música fueron objeto de exploración y manipulación de manera decisiva para el futuro de sus respectivas especificidades.

El cine ocupó un caso singular, no sólo en la experiencia de los movimientos de vanguardia, sino además en el plano conjetural. El carácter tecnológico de su condición reproductiva y la ambición de mímesis del nuevo registro, capturó el interés de la crítica materialista (en particular, de Walter Benjamin, uno de los fundadores de la Escuela de Frankfurt) y disparó los primeros anuncios de la caída del arte en las redes de la industria cultural y, sobre todo, de la bancarrota del realismo.

Durante este mes, la Alianza Francesa y el Goethe-Institut de Buenos Aires presentan la segunda parte del ciclo La rebelión de las formas (que en mayo se ocupó de la experiencia alemana). Acompañando el seminario homónimo disponible on line (www.goethe.de/buenosaires/seminario) se exhibirán películas de la década del 20, de realizadores franceses y algunas obras experimentales, de cineastas locales y estadounidenses contemporáneos.

Cada filme, será presentado por el investigador Ricardo Parodi.©

 

 

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