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por
ROBERTO VALLE
Aunque
de composición variada, no cabe duda de que la "atracción mayor" de la Tercera
Antología de Cine Cubano -organizada por el Grupo de Cine Insurgente, tendrá lugar en
Buenos Aires entre el 1° y el 14 de septiembre-, es la inédita y jugosa retrospectiva de
la obra de Santiago Álvarez, uno de los pilares en los que se asienta la historia
cinematográfica de ese país.
Desde muy temprana edad, Álvarez
sintió una vocación de servicio irrefrenable. Siendo todavía adolescente pero atento a
la situación de desamparo que padecía la mayor parte de la sociedad cubana (casi
seiscientos mil desocupados, más de un tercio de la población analfabeta, trescientos
mil campesinos de Sierra Maestra sin asistencia médica de ningún tipo), decidió
convertirse en médico.
Comenzó los estudios de medicina en la
Universidad de La Habana, en la que permaneció dos años hasta que, la insolvencia
familiar y su sentido ético, lo obligaron a interrumpir la carrera. Así lo contó él
mismo, en una entrevista: "Mis padres no tenían suficiente poder económico para
costearme aquellos estudios, que entonces resultaban onerosos para los que no pertenecían
a las clases privilegiadas
Sentí vergüenza por el enorme sacrificio que ellos
tenían que hacer y pudo más esta vergüenza que la vocación."
Tras esa decisión, en 1939, fue a
probar suerte a los Estados Unidos de Norteamérica, donde vivió unos años. La vida
(dura) en el país del Norte (trabajó de lavaplatos en Brooklyn y como minero en un
pueblito de Filadelfia), le permitió tomar contacto directo con la realidad más profunda
del país.
Fue testigo de la explotación y la
discriminación hacia negros y latinos, como así también de la desprotección de los
trabajadores menos calificados. Ese estado de cosas lo llevaría, en 1965, a realizar Now,
un documental sobre la lucha contra la discriminación racial en los Estados Unidos que
tiene, como fondo musical, la canción homónima interpretada por Lena Horne y que, por la
manera en que combina imágenes y música, fue considerado por muchos estudiosos como el
antecedente más remoto del videoclip actual.
De "tragapelículas" a
director del noticiero
El tiempo pasó, y en su país natal
"se hizo" una revolución. Con ella surgió el "verdadero" cine
cubano.
Los años previos a este doble
(re)nacimiento (político y cinematográfico), lo encontraron dirigiendo la Sociedad
Cultural Nuestro Tiempo, una asociación de jóvenes intelectuales de izquierda que, entre
otras cosas, regenteaba su propio Cine Club. Éste fue, de algún modo, su primer contacto
con el séptimo arte, antes de la Revolución.
En 1959, con el nuevo régimen
político ya instalado, Santiago Álvarez inició su larga carrera dentro del cine. El
primer paso fue la fundación -junto a otra gente- del Instituto Cubano de Arte e
Industria Cinematográfica (ICAIC). Luego, en 1960, el -por aquel entonces- director del
Instituto, Alfredo Guevara, lo convocó para dirigir el Noticiero ICAIC Latinoamericano.
Treinta años estuvo al frente de ese proyecto. Con inteligencia y creatividad, hizo que
las "noticias" trascendieran su carácter informativo, a punto tal de convertir
aquellos breves relatos testimoniales en un cine crítico, de denuncia y movilización.
Tanto sea en el fallecimiento del
músico popular Benny Moré como en los problemas de abastecimiento gastronómico sufridos
por los típicos locales de comida en las rutas -en manos de los órganos de Poder
Popular-, la "realidad" fue capturada por Álvarez de un modo absolutamente
innovador en el que, el objetivo político y la función periodística, se vuelven una
misma cosa.
Nace el cineasta
Entre 1961 y 1967, tuvo a su cargo la
dirección del Departamento de Documentales y Cortos del ICAIC. Desde allí, dio forma a
una filmografía tan vasta como reveladora.
Al ya mencionado Now,
se suman otros cortos documentales. Hanoi, martes 13 (1967) en el que, de
manera poética pero al mismo tiempo realista, compone una oda al pueblo anamita,
inspirada por el trágico bombardeo en Hanoi, ocurrido el 13 de diciembre de 1966.
L.B.J. (1968) donde,
en poco menos de veinte minutos, construye una síntesis histórica de la violencia en los
Estados Unidos, a partir del recuerdo de los asesinatos de tres importantes figuras
políticas norteamericanas: Martin Luther King y los hermanos John y Bob Kennedy. (Cabe
destacar que la sigla LBJ remite, además de a estos tres personajes -Luther, Bob y John-,
a quien fuera director de la CIA y Presidente de aquel país en los años en que
ocurrieron esos asesinatos: Lyndon B. Johnson).
Cómo, por qué y para qué se
asesina a un general (1971) expone, mediante una investigación minuciosa y
detallada, el complejo sistema de relaciones -y complicidades- entre la CIA, los
políticos de la oposición, el poder económico y las fuerzas militares, que facilitó el
asesinato del General Raúl Schneider, en Chile, con el fin de generar un caos
institucional que evitase la asunción del Presidente electo: Salvador Allende.
A estos pocos ejemplos, de una larga
lista de "pequeñas" grandes joyas producidas a lo largo de treinta y siete
años, hay que agregar el largometraje documental La guerra necesaria
(1980) que reúne los testimonios de Fidel Castro y otros dirigentes de la Revolución
Cubana, acerca de la estrategia desarrollada por el Movimiento 26 de Julio, durante los
años 55 y 56, tanto en Cuba como en México, y el único filme de ficción que realizó
en toda su carrera, Los refugiados de la cueva del muerto (1983).
Hasta el final de su vida, Santiago
Álvarez continuó sumando nuevas películas a su prolífica colección. Ya no en formato
fílmico, sino en video. A esta etapa (que se inicia en 1992 y concluye tras su muerte, en
1998) corresponden títulos como Concierto Mayor (1997, cuando Pablo
Milanés encabeza un show benéfico para recaudar fondos destinados a la lucha contra el
SIDA), La isla de la música (1997, un completo repaso por la historia de
la música popular cubana) y Para bailar, La Habana (1998, muestrario de
movimientos y gestualidades que caracterizan el modo que tienen los cubanos de bailar los
ritmos folclóricos), todos ellos realizados en colaboración con el joven cineasta Ismael
Perdomo.
El camino de Santiago
La de Santiago Álvarez es la obra de
una vida. Una vida en la que la coherencia política, la honestidad intelectual y el
sentido estético, se conjugan para dar forma a un trabajo riguroso, humanamente cálido y
sinceramente comprometido con la causa de los que padecen (padecemos) las injusticias del
capitalismo salvaje. Precursor del "cine urgente" (ése que volvió a estallar
en Argentina en el 2001, dando lugar a un nuevo auge del documental político), cronista
fiel de una época de transformaciones y utopías, la biografía del maestro Santiago
Álvarez enseña que "lo que hace válida a una revolución es estar permanentemente
renovándose". Por eso y por usted: ¡Salud, maestro!© |




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