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por
RICARDO BULA
Lector
insaciable, Cecil Antonio Richardson -Yorkshire, 1928-, montaba clásicos del teatro
inglés (John Webster y Shakespeare, entre otros), mientras estudiaba en Oxford. Esa
experiencia hizo que la BBC le ofreciera entrenamiento. El joven Tony produjo y dirigió
para la compañía oficial, desde 1952 a 1955.
Entre tanto, frecuentaba el British
Film Institute (BIF) donde conoció al exiliado checo Karel Reisz, a John Schlesinger y a
Lindsay Anderson, el mayor y más experimentado del grupo. Anderson filmaba cortos desde
el '48 y su documental Thursday's Children había ganado un Oscar en
1955. Co-fundador de la revista Sequence, escribía además, en la influyente Sight and
Sound, en la que también colaboraron Reisz y Richardson hasta que, en 1954, obtienen
financiación del BIF para rodar un corto documental en 16 mm. Completado al año
siguiente, y exhibido en enero del '56, los veintidós minutos de Momma Don´t
Allow despertaron calurosa adhesión. La exploración del Wood Green Jazz Club,
donde bailaban chicas y chicos de clase trabajadora, acercó el cine británico a un
fenómeno en progreso: la cultura popular y juvenil. Un mes después, el filme integró
una función colectiva ejecutada, bajo inspiración de Anderson, con el título de Free
Cinema.
El Free Cinema hubiera quedado
allí si el aplauso no lo hubiese acompañado. De hecho, hasta 1959 le siguieron otros
cinco programas. Una posición común aglutinaba a estos amigos. El viejo Imperio se
desgajaba. La muerte, la destrucción y las privaciones impuestas por la guerra apenas
comenzaban a disiparse. Inglaterra mantenía rígidas diferencias de clase y, la moral
pública, aún era guiada por prejuicios religiosos ancestrales. El grueso de la
producción cinematográfica adormecía las conciencias, mientras Hollywood dominaba con
estrellas y envolturas brillantes.
La propuesta resultó radical:
acercarse al hombre común (en especial, a los trabajadores) mediante dramas íntimos que
dieran cuenta de su problemática situación. Salir a filmar a la calle, cámara en mano.
El grupo encontró inspiración estética en viejos filmes de Jean Vigo y en despojados
documentales del compatriota Humphrey Jennings. Lejos de copiar la realidad se propuso
trascenderla con una mirada personal y poética, convertirla en política contestataria.
No eran los únicos con ira anti-establishment. En la misma época, unos jóvenes
dramaturgos -con John Osborne a la cabeza-, se ganaron el apodo de angry young men.
En 1956, Tony co-fundó la English
Stage Company. Una de sus puestas fue la feroz diatriba contra la pequeñez de la clase
media-baja, Recordando con ira (Look Back in Anger),
emblemática obra de Osborne que revolucionaría el teatro inglés. Richardson no tardó
en asociarse con Osborne para crear la productora de cine Woodfall. El Free Cinema
terminaba y nacía la irregular British New Wave, cuyos ecos de social
realism se prolongarían en Ken Loach, Mike Leigh o los primeros filmes de Stephen
Frears.
El reconocimiento a la nueva corriente
vino con el suceso de Almas en subasta (Room at the Top, 1959),
de Jack Clayton. Poco después se estrenaban dos textos de Osborne tamizados por
Richardson. La adaptación de Recordando con ira (1959), con Richard
Burton, e Imprevisto pasional (The Entertainer, 1960), en la que
un soberbio Laurence Olivier encarnó al desagradable showman, cuya vida íntima
y familiar -virulenta imagen de Inglaterra- se desintegraban.
Richardson quedó insatisfecho: las
escenas de interior desafinaban con los exteriores. Por eso, en los dos filmes ulteriores
-que cierran un primer período-, abandonará los estudios a favor de las locaciones. Sabor
de miel (A Taste of Honey, 1961), obra teatral de Shelagh Delaney cuya
trama se prestaba al más burdo sentimentalismo (la historia de la adolescente Jo
-interpretada por la debutante Rita Tushingham-, su embarazo no deseado y la crianza del
bebé junto a un amigo gay), en manos de Richardson, perduró merced a su seco lirismo.
El mundo frente a mí
(The Loneliness of the Long Distance Runner, 1962) fue el potente drama de un
ladrón ocasional (debut de Tom Courtenay) confinado en un reformatorio.
Le siguió Tom Jones
(1963), acaso su mejor filme. Conforme a una novela picaresca de Henry Fielding, Tom (el
aclamado Albert Finney) es un joven del siglo XVIII que derrocha su fortuna en desenfrenos
y andanzas sexuales. La peripecia sirve a Richardson para denostar abiertamente el
puritanismo abstinente e introducir técnicas novedosas en sacro terreno inglés: el filme
de época.
Con Tom Jones y Los
seres queridos (The Loved One, 1965), una comedia de humor negrísimo
rodada en USA, abre un segundo período. Sin renunciar a sus convicciones, apunta a un
público más amplio o intenta experiencias formales no siempre bien toleradas.
Acusado de pedante y vacío, el
díptico con Jeanne Moreau formado por Fuegos de verano (Mademoiselle,
1966) y Marino de Gibraltar (The Sailor from Gibraltar, 1967) a
partir de textos de Jean Genet y Marguerite Duras, bucea en caracteres femeninos
atormentados, desfragmentando el relato y escamoteando información. El deliberado
ocultamiento de espacios se hace más explícito en la ascética versión de Hamlet
(1969), rodada con predominancia de planos cerrados.
La carga de la brigada ligera
(The Charge of the Light Brigade, 1968) subvirtió el romanticismo patriótico de
las versiones anteriores de Tennyson, para estructurar un retrato descarnado de la
sociedad victoriana y, luego, describir el famoso desastre militar del siglo XIX, mechando
el drama con dibujos animados y acidez humorística.
Con ironía y distanciamiento, en Sonrisas
en la oscuridad (Laughter in the Dark, 1969), Richardson navega el
cinismo frío con que el ruso Vladimir Nabokov observa a su criatura de ficción: un
hombre enceguecido por una mujer que lo traiciona por placer.
En Los hermanos Kelly
(Ned Kelly, 1970) no encuentra el tono justo para recrear a un mítico bandido
(Mick Jagger) en la Australia decimonónica.
Con Katharine Hepburn rueda, en
Canadá, Delicado equilibrio (A Delicate Balance, 1973), drama
de Edward Albee al que siguen el thriller Dead Cert (1974) y Joseph
Andrews (1977), otro picaresco Fielding y punto final de su segunda etapa.
Instalado en USA despliega un tercer
período. Disminuida su libertad, confecciona telefilmes profesionales y regresa con La
frontera (The Border, 1982), en la que el dibujo de la inmigración
ilegal se pierde en una historia convencional.
En cambio, su talento lució intacto en
la perturbadora -de algún modo optimista- comedia Secretos de Hotel (The
Hotel New Hampshire, 1984), y en Cielo azul (Blue Sky),
rigurosa narración sobre una pareja autodestructiva. La rodó en 1991, sabiendo que
moría de Sida (1) (lo que ocurrió en Los Ángeles, el 14 de
noviembre de ese año).
Estuvo casado con la actriz Vanessa
Redgrave. Las hijas, Joely y Natasha, descubrieron su autobiografía manuscrita el día de
la muerte.©
(1) Richardson
filmó y dejó montada Blue Sky, días antes de morir. Sin embargo, el
copyright es de 1994 porque la productora Orion (la misma de Woody Allen) quebró y hubo
un proceso judicial hasta que quedó liberada. |



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