Junio 2005

por RICARDO BULA

 

Lector insaciable, Cecil Antonio Richardson -Yorkshire, 1928-, montaba clásicos del teatro inglés (John Webster y Shakespeare, entre otros), mientras estudiaba en Oxford. Esa experiencia hizo que la BBC le ofreciera entrenamiento. El joven Tony produjo y dirigió para la compañía oficial, desde 1952 a 1955.

Entre tanto, frecuentaba el British Film Institute (BIF) donde conoció al exiliado checo Karel Reisz, a John Schlesinger y a Lindsay Anderson, el mayor y más experimentado del grupo. Anderson filmaba cortos desde el '48 y su documental Thursday's Children había ganado un Oscar en 1955. Co-fundador de la revista Sequence, escribía además, en la influyente Sight and Sound, en la que también colaboraron Reisz y Richardson hasta que, en 1954, obtienen financiación del BIF para rodar un corto documental en 16 mm. Completado al año siguiente, y exhibido en enero del '56, los veintidós minutos de Momma Don´t Allow despertaron calurosa adhesión. La exploración del Wood Green Jazz Club, donde bailaban chicas y chicos de clase trabajadora, acercó el cine británico a un fenómeno en progreso: la cultura popular y juvenil. Un mes después, el filme integró una función colectiva ejecutada, bajo inspiración de Anderson, con el título de Free Cinema.

El Free Cinema hubiera quedado allí si el aplauso no lo hubiese acompañado. De hecho, hasta 1959 le siguieron otros cinco programas. Una posición común aglutinaba a estos amigos. El viejo Imperio se desgajaba. La muerte, la destrucción y las privaciones impuestas por la guerra apenas comenzaban a disiparse. Inglaterra mantenía rígidas diferencias de clase y, la moral pública, aún era guiada por prejuicios religiosos ancestrales. El grueso de la producción cinematográfica adormecía las conciencias, mientras Hollywood dominaba con estrellas y envolturas brillantes.

La propuesta resultó radical: acercarse al hombre común (en especial, a los trabajadores) mediante dramas íntimos que dieran cuenta de su problemática situación. Salir a filmar a la calle, cámara en mano. El grupo encontró inspiración estética en viejos filmes de Jean Vigo y en despojados documentales del compatriota Humphrey Jennings. Lejos de copiar la realidad se propuso trascenderla con una mirada personal y poética, convertirla en política contestataria. No eran los únicos con ira anti-establishment. En la misma época, unos jóvenes dramaturgos -con John Osborne a la cabeza-, se ganaron el apodo de angry young men.

En 1956, Tony co-fundó la English Stage Company. Una de sus puestas fue la feroz diatriba contra la pequeñez de la clase media-baja, Recordando con ira (Look Back in Anger), emblemática obra de Osborne que revolucionaría el teatro inglés. Richardson no tardó en asociarse con Osborne para crear la productora de cine Woodfall. El Free Cinema terminaba y nacía la irregular British New Wave, cuyos ecos de social realism se prolongarían en Ken Loach, Mike Leigh o los primeros filmes de Stephen Frears.

El reconocimiento a la nueva corriente vino con el suceso de Almas en subasta (Room at the Top, 1959), de Jack Clayton. Poco después se estrenaban dos textos de Osborne tamizados por Richardson. La adaptación de Recordando con ira (1959), con Richard Burton, e Imprevisto pasional (The Entertainer, 1960), en la que un soberbio Laurence Olivier encarnó al desagradable showman, cuya vida íntima y familiar -virulenta imagen de Inglaterra- se desintegraban.

Richardson quedó insatisfecho: las escenas de interior desafinaban con los exteriores. Por eso, en los dos filmes ulteriores -que cierran un primer período-, abandonará los estudios a favor de las locaciones. Sabor de miel (A Taste of Honey, 1961), obra teatral de Shelagh Delaney cuya trama se prestaba al más burdo sentimentalismo (la historia de la adolescente Jo -interpretada por la debutante Rita Tushingham-, su embarazo no deseado y la crianza del bebé junto a un amigo gay), en manos de Richardson, perduró merced a su seco lirismo.

El mundo frente a mí (The Loneliness of the Long Distance Runner, 1962) fue el potente drama de un ladrón ocasional (debut de Tom Courtenay) confinado en un reformatorio.

Le siguió Tom Jones (1963), acaso su mejor filme. Conforme a una novela picaresca de Henry Fielding, Tom (el aclamado Albert Finney) es un joven del siglo XVIII que derrocha su fortuna en desenfrenos y andanzas sexuales. La peripecia sirve a Richardson para denostar abiertamente el puritanismo abstinente e introducir técnicas novedosas en sacro terreno inglés: el filme de época.

Con Tom Jones y Los seres queridos (The Loved One, 1965), una comedia de humor negrísimo rodada en USA, abre un segundo período. Sin renunciar a sus convicciones, apunta a un público más amplio o intenta experiencias formales no siempre bien toleradas.

Acusado de pedante y vacío, el díptico con Jeanne Moreau formado por Fuegos de verano (Mademoiselle, 1966) y Marino de Gibraltar (The Sailor from Gibraltar, 1967) a partir de textos de Jean Genet y Marguerite Duras, bucea en caracteres femeninos atormentados, desfragmentando el relato y escamoteando información. El deliberado ocultamiento de espacios se hace más explícito en la ascética versión de Hamlet (1969), rodada con predominancia de planos cerrados.

La carga de la brigada ligera (The Charge of the Light Brigade, 1968) subvirtió el romanticismo patriótico de las versiones anteriores de Tennyson, para estructurar un retrato descarnado de la sociedad victoriana y, luego, describir el famoso desastre militar del siglo XIX, mechando el drama con dibujos animados y acidez humorística.

Con ironía y distanciamiento, en Sonrisas en la oscuridad (Laughter in the Dark, 1969), Richardson navega el cinismo frío con que el ruso Vladimir Nabokov observa a su criatura de ficción: un hombre enceguecido por una mujer que lo traiciona por placer.

En Los hermanos Kelly (Ned Kelly, 1970) no encuentra el tono justo para recrear a un mítico bandido (Mick Jagger) en la Australia decimonónica.

Con Katharine Hepburn rueda, en Canadá, Delicado equilibrio (A Delicate Balance, 1973), drama de Edward Albee al que siguen el thriller Dead Cert (1974) y Joseph Andrews (1977), otro picaresco Fielding y punto final de su segunda etapa.

Instalado en USA despliega un tercer período. Disminuida su libertad, confecciona telefilmes profesionales y regresa con La frontera (The Border, 1982), en la que el dibujo de la inmigración ilegal se pierde en una historia convencional.

En cambio, su talento lució intacto en la perturbadora -de algún modo optimista- comedia Secretos de Hotel (The Hotel New Hampshire, 1984), y en Cielo azul (Blue Sky), rigurosa narración sobre una pareja autodestructiva. La rodó en 1991, sabiendo que moría de Sida (1) (lo que ocurrió en Los Ángeles, el 14 de noviembre de ese año).

Estuvo casado con la actriz Vanessa Redgrave. Las hijas, Joely y Natasha, descubrieron su autobiografía manuscrita el día de la muerte.©

 

(1) Richardson filmó y dejó montada Blue Sky, días antes de morir. Sin embargo, el copyright es de 1994 porque la productora Orion (la misma de Woody Allen) quebró y hubo un proceso judicial hasta que quedó liberada.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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