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por
RICARDO BULA
El
9 de noviembre de 1989 cayó el Muro de Berlín. El socialismo real se
derrumbaba ante el triunfo del capitalismo. Para los alemanes significó la
reunificación: en 1990, cuarenta y un años después de su fundación, la República
Democrática de Alemania (RDA) se diluyó en la República Federal (RFA).
La primera -en el Este, sobre
territorio ocupado por los soviéticos-, había ensayado las potencialidades del
comunismo, a fuerza de burocracia y opresión. La otra, probó el éxito de la democracia
representativa y la sociedad de consumo con apoyo occidental. De hecho, la RFA ya estaba
construyendo la Unión Europea, cuando muchos germano-orientales la envidiaban por
televisión.
No obstante esos empeños, hoy en día,
el concepto de nación tiende a licuarse en una entidad mayor. El capitalismo globalizado,
glorificando los índices de eficiencia, devalúa al estado benefactor.
Aquella fusión idealizada resultó de compleja realización.
Las demandas de trabajo potenciaron el
éxodo a países de mayor desarrollo. El desempleo y la resistencia cultural acrecentaron
la tensión. De algún modo, varios muros persisten en el imaginario social alemán.
Hijo de un director teatral, Andreas
Dresen nació en 1963, en Sajonia (ex RDA). Desde 1986 a 1991 estudió en el Este, en la
Universidad de Cine y TV Konrad Wolf, mientras filmaba cortos y era testigo de la
unificación. Activo en el teatro hasta la actualidad, en los 90 fue intenso su
trabajo como docente y director/guionista de televisión.
Exceptuando su documental Denk
ich an Deutschland - Herr Wichmann von der CDU (2003, descripto como el
acercamiento a un joven candidato conservador, y donde deja ver la falta de respuestas de
la política actual a los problemas reales), su obra se compone de dramas sensibles en los
que, el costado político-social, se filtra como fondo. Dresen se reconoce cercano al social
realism de Ken Loach y Mike Leigh y certifica que su formación inspiró estas
propuestas: Mi cine propone debatir sobre la realidad social y adopta una clara
posición frente a ella(1).
Esa perspectiva ya era evidente en su
opera prima, País Silencioso (Stilles Land, 1992): en el otoño
de 1989, cuando gran parte de los alemanes del Este se ilusiona con el devenir histórico
que desembocará en la caída del Muro, un director teatral, al frente de un grupo de
intérpretes poco entusiastas, ambiciona poner en escena Esperando a Godot
-de Samuel Beckett- en una sala de provincia.
El choque entre lo individual y lo
colectivo se reitera en su segundo largo, Nachtgestalten (1999). La
acción se sitúa en una Berlín atestada por la visita del Papa Juan Pablo II. Una homeless
encuentra un billete y desea gastarlo junto a su amigo en un hotel. La búsqueda de un
cuarto libre habilita un recorrido por las aspiraciones populares, donde lo dramático
está surcado por rasgos de humor que, irónicamente, lo potencian.
La ciudad de Rostock, emblema de la ex
RDA, es el primer destino de una agente de seguridad recién egresada. Es el punto de
partida de La mujer policía (Die Polizistin, 2000), una
película destinada a la TV. La joven busca completarse en una pareja, a la vez que
afronta un cuadro cotidiano de pequeñas miserias. Filme de diálogos y cámara en mano,
sorprendió por el austero verismo obtenido con un presupuesto bajo.
Su última obra, Willenbrock
(2005) acaba de estrenarse en Alemania. Antes, Andreas Dresen recibió el Oso de Plata en
Berlín por A media escalera (Halbe Treppe, 2002), la módica
historia de dos matrimonios de edad intermedia viviendo en un pueblo a orillas del Oder
(que podría ser cualquier lugar). En medio de sus esperanzas, rutinas y modestas
alegrías estalla una infidelidad cruzada. A veces puede ser más excitante viajar a
nuestra sala de estar que a un lugar exótico, propone Dresen (2).
Semejante pero distinto es Fatih Akin:
Intento ser un artista comercial. Quiero que el mayor número de personas vea mis
filmes. Creo que es posible ser comercial y, al mismo tiempo, fiel a las ideas y a las
convicciones. Esto funciona perfectamente (3), afirmó al
recibir el Oso de Oro en Berlín, por su película Contra la pared (Gegen
die Wand, 2004, recientemente estrenada en Buenos Aires), una historia de amor
atravesada por la crueldad de los contrastes culturales y generacionales.
En eso se ha especializado. Hijo de una
de las tantas familias turcas que emigraron a la RFA en busca de trabajo, Akin nació en
Hamburgo, en 1973. A los veinte años comenzó a actuar en pequeños roles para cine y TV.
Poco después realizaba su primer corto, vinculándose con la Wüste Filmproduktion, que
financió todos sus filmes. Inscripto en la Universidad de las Artes de Hamburgo, estrenó
su opera prima, Rápido y sin dolor (Kurz und schmerzlos, 1998).
En Altona (barrio natal de Akin y lugar
donde reside), Gabriel, el hijo mayor de una familia turca, regresa de la cárcel con
intenciones de reencauzar su vida. El medio es hostil, no abunda el trabajo y sus dos
amigos inseparables viven al margen de la ley. Uno desciende de serbios y ambiciona
trabajar con la mafia albana. El otro, de origen griego, lo hace para beneficio propio. En
una historia marcada también por amores trágicos, Akin retrata con vigor un escenario
que conoce desde siempre: el de los inmigrantes y las generaciones posteriores, nacidas en
Alemania. Gente común con la fantasía recurrente de regresar al país de origen -que ya
no es el que imaginan- y con dificultades para insertarse en un medio para el que siguen
siendo extranjeros.
La difícil cohesión entre grupos cada
vez más numerosos que, con su carga de tradiciones y creencias, intentan afianzarse en
una sociedad desarrollada aunque con altos índices de exclusión social-, reaparece
en Denk ich an Deutschland - Wir haben vergessen zurückzukehren (2001).
En este caso, Akin apela al documental y al testimonio de su propia familia.
En su última película -Crossing
the Bridge: The Sound of Istanbul (2005)-, el director insiste en ese registro
para captar las distintas tonalidades sonoras de la ciudad de sus padres. Como prueba de
la proyección que ha logrado fuera de las, cada vez más difusas, fronteras alemanas
está Visions of Europe/Europäische Visionen (2004), filme colectivo que
procura dar una visión de los veinticinco estados que integran la UE.
El resto de la obra de este joven de
aspecto simpático se compone de ficciones. En Solino (2002), el centro
está puesto en una familia italiana (en sus amores y desencuentros), que habita en la
zona del Ruhr. En cambio, En julio (Im Juli., 2000) Akin
aprovecha las posibilidades de una road movie de aspecto romántico y ligero, para revisar
las culturas meridionales europeas.
Alejados de las búsquedas y los
conflictos que marcaron a los cineastas que los precedieron, algunos de los nuevos
directores alemanes podrían rubricar la afirmación de Dresen: Creo que tenemos una
buena oportunidad. Nuestra ventaja frente a Hollywood es que podemos contar mejor las
historias que suceden en la puerta de nuestras casas(4).©
(1) Andreas
Dresen. Entrevista de Teresa Cendrós, en El País, España, 2005.
(2) Andreas Dresen. Op. cit.
(3) Fatih Akin, o cineasta que conquistou o Urso de Ouro, por Marion
Andrea Strüssman, en Deutsche Welle-World, Brasil, 2004.
(4) Andreas Dresen. Entrevista de Teresa Cendrós, en El País, España,
2005. |


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