Abril 2005

por MARÍA IRIBARREN y ROBERTO VALLE

 

Es lunes, miércoles o sábado, a la siesta o pasada la medianoche. Alguien ingresa a una sala cinematográfica que no figura en las agendas de diarios ni revistas. Con intermitencia caprichosa, sobre el mapa de la ciudad de Buenos Aires, destella un circuito que señala al cinéfilo -entrenado o debutante- los sitios por donde experimentar esa rutina de manera más personal.

¿Cine independiente? ¿Cine alternativo? ¿Cine "arte"? Sea cual fuera el atributo que merezcan, los filmes que circulan por allí, comparten la voluntad de eludir la ruta comercial de exhibición.

Más de mil títulos por año anuncian salas como "la Lugones", "el Rojas", "los espacios Incaa", el Malba, el Cosmos, el auditorio de la Alianza Francesa, a las que se suman centros culturales y cineclubes.

Esos márgenes aun se amplían en festivales y muestras regulares (el BAFICI, el Festival DERHUMALC, Sueños cortos, DIVERSA, DocBsAs, el Festival Internacional de Cine para la Infancia y la Juventud, el Buenos Aires Rojo Sangre, La noche del cortometraje, entre otros). Entonces, el circuito se recorta como acontecimiento de doble signo. Por un lado, delatando las novedades en los modos de producción y realización, en el menú estético, en la mudanza generacional de creadores.

Por el otro, descubriendo la circunstancia de pantallas que conviven con otras materias artísticas o culturales (exposiciones plásticas o fotográficas, representaciones teatrales, cursos y seminarios).

Hagamos un repaso. Durante el 2004 el Palais de Glace exhibió, en carácter exclusivo, el documental español Balseros. Sarabanda -el último filme de Ingmar Bergman- se estrenó en simultáneo en el Cosmos y en el Malba. En lo que hace al cine nacional, Lisandro Alonso eligió la Lugones para presentar Los muertos, en tanto que Santiago García hizo lo mismo -en el Malba- con su documental Lesbianas en Buenos Aires. Y no fueron los únicos ni los primeros que pusieron a circular "el nuevo cine nacional" en los suburbios de la ruta comercial.

Experiencia singular es la de Sergio Morkin quien, habiendo estrenado Oscar en el Rojas (2004), la llevó al Malba donde se exhibe desde el mes pasado.

En este sentido, el circuito alternativo, es un itinerario (estético y conceptual) que desmiente la lógica del marketing y en el que el cine recobra su dimensión política, social y cultural. Sin embargo, su valor intrínseco no es ajeno a la rentabilidad tangible que, hoy por hoy encuentra nuevos beneficiarios: Marcelo Morales y Alberto Kipnis acaban de reabrir "el viejo Savoy" (redenominado Arteplex), con cuatro salas destinadas al "cine arte".

En tanto mapa, el circuito alternativo es la representación simbólica de una geografía que describe características materiales específicas, que pueden constatarse en datos estadísticos y que sufren accidentes que la modifican sin cesar. Su formalización o no, depende del grado de complementación que alcancen los intereses particulares de distribuidores, exhibidores, realizadores y programadores.©

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