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por
MARÍA IRIBARREN y ROBERTO VALLE
Es
lunes, miércoles o sábado, a la siesta o pasada la medianoche. Alguien ingresa a una
sala cinematográfica que no figura en las agendas de diarios ni revistas. Con
intermitencia caprichosa, sobre el mapa de la ciudad de Buenos Aires, destella un circuito
que señala al cinéfilo -entrenado o debutante- los sitios por donde experimentar esa
rutina de manera más personal.
¿Cine independiente? ¿Cine
alternativo? ¿Cine "arte"? Sea cual fuera el atributo que merezcan, los filmes
que circulan por allí, comparten la voluntad de eludir la ruta comercial de exhibición.
Más de mil títulos por año anuncian
salas como "la Lugones", "el Rojas", "los espacios Incaa",
el Malba, el Cosmos, el auditorio de la Alianza Francesa, a las que se suman centros
culturales y cineclubes.
Esos márgenes aun se amplían en
festivales y muestras regulares (el BAFICI, el Festival DERHUMALC, Sueños cortos,
DIVERSA, DocBsAs, el Festival Internacional de Cine para la Infancia y la Juventud, el
Buenos Aires Rojo Sangre, La noche del cortometraje, entre otros). Entonces, el circuito
se recorta como acontecimiento de doble signo. Por un lado, delatando las novedades en los
modos de producción y realización, en el menú estético, en la mudanza generacional de
creadores.
Por el otro, descubriendo la
circunstancia de pantallas que conviven con otras materias artísticas o culturales
(exposiciones plásticas o fotográficas, representaciones teatrales, cursos y
seminarios).
Hagamos un repaso. Durante el 2004 el
Palais de Glace exhibió, en carácter exclusivo, el documental español Balseros.
Sarabanda -el último filme de Ingmar Bergman- se estrenó en simultáneo
en el Cosmos y en el Malba. En lo que hace al cine nacional, Lisandro Alonso eligió la
Lugones para presentar Los muertos, en tanto que Santiago García hizo lo
mismo -en el Malba- con su documental Lesbianas en Buenos Aires. Y no
fueron los únicos ni los primeros que pusieron a circular "el nuevo cine
nacional" en los suburbios de la ruta comercial.
Experiencia singular es la de Sergio
Morkin quien, habiendo estrenado Oscar en el Rojas (2004), la llevó al
Malba donde se exhibe desde el mes pasado.
En este sentido, el circuito
alternativo, es un itinerario (estético y conceptual) que desmiente la lógica del marketing
y en el que el cine recobra su dimensión política, social y cultural. Sin embargo, su
valor intrínseco no es ajeno a la rentabilidad tangible que, hoy por hoy encuentra nuevos
beneficiarios: Marcelo Morales y Alberto Kipnis acaban de reabrir "el viejo
Savoy" (redenominado Arteplex), con cuatro salas destinadas al "cine arte".
En tanto mapa, el circuito alternativo
es la representación simbólica de una geografía que describe características
materiales específicas, que pueden constatarse en datos estadísticos y que sufren
accidentes que la modifican sin cesar. Su formalización o no, depende del grado de
complementación que alcancen los intereses particulares de distribuidores, exhibidores,
realizadores y programadores.© |
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