por
MARÍA IRIBARREN
La
obra de la novelista británica Agatha Christie (1890-1976) se inscribe en la tradición
del policial que, en la literatura anglosajona, tuvo dos grandes precursores: Arthur Conan
Doyle (1859-1930) y Gilbert Keith Chesterton (1874-1936). En sintonía con ellos, la
estructura narrativa construída por Christie se apoya en la ecuación primaria del
género: hubo un crimen, alguien lo cometió, alguien debe resolverlo.
Sin embargo, el universo en el que se
concibe y ocurre el relato policial (en cualquiera de sus variantes) desborda la
categoría literaria. Necesariamente, su objeto (el delito en tanto transgresión de una
norma) pone en evidencia los vasos que comunican el relato (la ficción) con la verdad (la
Ley).
En el prólogo a El juego de
los cautos (1), Daniel Link señala: "Hablar del
género policial es (
) hablar de bastante más que de literatura. Por lo pronto de
películas y de series de TV, de crónicas policiales, de noticieros y de historietas: lo
policial es una categoría que atraviesa todos esos géneros. Pero también es hablar del
Estado y su relación con el Crimen, de la verdad y sus regímenes de aparición, de la
política y su relación con la moral, de la Ley y sus regímenes de coacción".
En este sentido, aún cuando siguen un
modelo altamente formalizado, las novelas de Agatha Christie dejan leer entrelíneas esas
otras relaciones que, por detrás de una trama, constituyen la base del género.
Dos personajes de película
Miss Jane Marple y Hercule Poirot
comparten la capacidad especulativa y el interés -casi obsceno- por la naturaleza humana.
Los héroes racionales creados por Christie, a su manera, son criaturas marginales.
Ella es una anciana inglesa, con un ojo
clínico superdotado para el diagnóstico criminal. Él, belga y refinado, habla una
lengua que nadie entiende y tiene más propensión a la inducción que a la deducción.
Es un hecho que su creadora les
adjudicó cualidades para ver más allá de lo evidente aunque, a menudo, tras escuchar
sus conjeturas queda la impresión de que hasta la realidad se acomodó a sus caprichos
detectivescos.
Como sea, Hollywood entendió bien
pronto que esas historias y esos personajes le venían como anillo al dedo, para la
fabricación de filmes de entretenimiento masivo. Así surgieron las whodunit,
películas que según las define Eduardo Russo (2), "poseen por
núcleo de su estructura narrativa el planteo y la resolución de un enigma: ¿quién es
el verdadero culpable del crimen? Es de ese tipo de películas que se arruina en el mismo
momento en que nos cuentan que el asesino es el mayordomo".
Siguiendo el razonamiento de Russo, en
las whodunit cada uno de los detalles que, en el texto, permanecen velados hasta
la resolución del misterio, se intuyen prematuramente, malogrando el suspenso y, al cabo,
la diversión.
Crímenes clasistas
Algo -o bastante- de eso ocurrió con Crimen
en el expreso de Oriente (Murder on the Orient Express, 1974) de Sidney
Lumet, y Muerte en el Nilo (Death on the Nile, 1978) de John
Guillermin. Películas de alto presupuesto y elencos superestelares, en ambas, el interés
por el crimen se desvía para poner en primer plano la radiografía de clase. Se carga las
tintas en la decadencia de la cultura victoriana (representada por una galería de
sospechosos excéntricos) y se celebra el advenimiento de la nueva burguesía (encarnada
en el saber cosmopolita de Hercule Poirot). Al poner en ridículo la vulnerabilidad de
esas criaturas para las que el homicidio no deja de ser una extravagancia, queda subrayado
(celebrado) el ademán racional como rasgo distintivo de la clase insignia de la
Modernidad.
El espejo roto (The
Mirror Crack'd, 1980, Gay Hamilton) en cambio, describe el previsible envenenamiento
de una estrella de Hollywood, ocurrido durante el rodaje de una película en St. Mary
Mead, pueblo natal de Miss Jane Marple. La trama se sitúa en el año 1953 y recrea uno de
los ambientes favoritos de Christie quien consideraba que, "para que un crimen
resulte interesante, ha de producirse entre gente que ustedes mismos podrían encontrar
cualquier día".
Angela Langsbury tuvo a su cargo el
papel de Miss Marple que habría de replicar en el de Jessica Beatrice Fletcher, la
ancianita aficionada a resolver misterios, en la serie de TV Murder, She Wrote
(aquí se llamó La reportera del crimen). Producida por la CBS en 1984,
fue una copia desvergonzada del personaje creado por Christie.
En cambio, Miss Marple
realizada por la BBC de Londres y protagonizada por Joan Hickson, respeta el espíritu del
texto y el personaje originales.
El lado oscuro de la ley
En las antípodas del pasatiempo
ligero, Testigo de cargo (Witness for the Prosecution) es una
pieza de colección ineludible para los amantes del género policial y del cine que
Hollywood supo producir, antes de convertirse en una fábrica de modelos seriales.
En 1957, Billy Wilder emprende el
rodaje con un elenco encabezado por: Charles Laughton, Elsa Lanchester, Marlene Dietrich y
Tyrone Power (quien murió en Madrid, el 15 de noviembre de 1958, poco después del
estreno del filme).
Laughton personificó a Sir Wilfrid
Robarts, un abogado infalible y temido en los tribunales británicos, adicto al brandy y
los habanos, decididamente temperamental. De las cualidades interpretativas de Laughton,
Wilder declaró: "Podía hurgar en su talento como un niño feliz en una caja repleta
de juguetes".
También aquí el relato hace pie en la
contextura racional y deductiva del héroe. Sin embargo, la película de Wilder recupera y
recrea exhaustivamente la segunda línea de sentido del texto original: en términos
prácticos, que la Justicia y la Verdad no siempre van de la mano.
Rodada en blanco y negro, en la
configuración de climas y en la puesta en escena, Wilder aprovechó Testigo de
cargo para debatir con el esquema de suspense desarrollado por otro gran maestro
del policial: el británico, Sir Alfred Hitchcock.©
(1) El
juego de los cautos. La literatura policial: De Poe al caso Giubileo. Daniel Link
(compilador). La Marca editora, Buenos Aires, 1992.
(2) Diccionario de Cine.
Estética, crítica, técnica, historia. Eduardo A. Russo. Paidós, Buenos Aires,
2003. |