Argentina.
2007. 76 min.

Dirección:
Albertina Carri y Cristina Banegas.
Guión:
Albertina Carri y Cristina Banegas.
Fotografía:
Guillermo Nieto.
Montaje:
Eva Bar.
Música:
Carmen Baliero.
Producción:
Albertina Carri y Andrea Ronco.
Producida por:
Canal 7.


 

por ADRIÁN PÉREZ LLAHÍ

 

Pensando ya en el inminente bicentenario de la patria, la televisión pública inició los festejos el año pasado, con una serie de telefilms encargados, en clave ecuménica, a diferentes duplas integradas cada una de ellas por un cineasta y un teatrista. Urgente es el nombre de la primera entrega del proyecto 200 años, en la que Albertina Carri compartió el crédito de la realización con Cristina Banegas, su actriz en Géminis.

En su aporte, sin mucho para festejar, Carri (hay suficientes pistas como para atribuirle el trabajo en forma integral) despliega algo así como el embrión de La rabia, esa reserva de realidad social que da a su último film parte de la enorme fuerza que lo puebla. Allí está el campo, como lugar en el que se debaten las conductas más viscerales, bajo el yugo de unas instituciones acostumbradas a encubrir todo eso que no pueden disciplinar, todo eso que es indicio de su evidente fracaso. Allí están los personajes femeninos que también se repiten, mostrando ahora su revés concreto: sin las sutilezas de la anécdota, la materialidad del problema que los une y embarga.

Con mucho de la épica brechtiana -carteles incluidos-, la puesta en escena es por demás distanciadora y económica, consiente de la naturaleza de su contenido, perentorio, lacerante. Apoyada en cierto residuo periodístico del momento, Carri trasladó para anclar su narración, un fragmento de la mesopotamia a un set televisivo. Sobre un rectángulo de tierra colorada (tierra verdadera) se ve una tranquera, pocos muebles, animales muertos y vivos. La textura que consigue es perturbadora, nunca cautivante. El horizonte negro, el límite perfecto del escenario, la discreta escenografía, el espacio hecho jirones, no hacen más que evidenciar las condiciones de producción del relato, por lo que esa suma de cosas reales que la imagen muestra (incluso hasta hiperreales como ser un animal desollado o una fogata) nunca se terminan de entrelazar en una ficción cerrada. Hay un espíritu indagador en toda la obra.

Nótese la huella que deja la cámara a su paso, largas parábolas que deambulan como alrededor de un objeto de estudio. Evidencia palpable del artificio que se ha generado: una especie de terrario humano en el que analiza a la sociedad por medio del arte. El resultado final es una inteligente muestra de realismo crítico, al que sólo la mirada obtusa podría calificar de “teatro filmado”.©

Quiénes somos | Mapa de sitio | Publicidad

Prohibida la reproducción total o parcial del contenido de este sitio.
Cinecrópolis es propiedad de María Iribarren y Roberto Valle.
Optimizado 800 x 600. Buenos Aires, Argentina.