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por ADRIÁN PÉREZ LLAHÍ
Los compañeros de la promoción 82 de algún colegio privado de Buenos Aires se vuelven a reunir, veinte años después, para cotejar lo inevitable: la vida ya hizo su reparto desigual de fortunas y ellos no son la excepción. Así, los protagonistas de Regresados no resultan ni más ni menos patéticos que cualquier otro grupo humano que ve acercarse el final de la primera mitad de su vida sin tener casi nada que llevarse para la segunda. A ellos, en todo caso, los distingue el lastre de haber pasado “la flor de la edad”, mientras el país del que formaban parte se hundía en el abismo más oscuro de su historia. Son los hijos pródigos de una época atroz. El tiempo, los prudenciales veinte años que hacen a un verdadero regreso argentino, dejan ver los resultados: un manojo de cínicos, moralmente destruidos, incapaces de amar, ajenos a cualquier emoción genuina, sumidos en la banalidad más abyecta. Como ejemplo, sobran las tres historias en las que el film se centra, todas resueltas en una misma noche: la del fatal reencuentro. Entrelazadas por el argumento, van generando un clima sórdido, no exento de un humor lacerante. Hace algunos años, la dupla Nardini–Bernard supo agitar el efímero avispero del cine nacional con su opera prima: 76 89 03, una comedia ácida, arriesgada y un poco desconcertante que se jactaba de ser “la primera película del cine nacional que no tiene mensaje”. Para ello, presentaba a tres amigos impresentables (misóginos, hipócritas, xenófobos, inmorales de amplio espectro), sin distanciarse un ápice de ellos o intentar juzgarlos por sus acciones. Dino, Salvador y Paco (los tres protagonistas) son parte de esta misma generación aquí reunida, son hijos del mismo país destruido. Aquellos, aplastaban cabezas en medio de la hiperinflación, estos son sobrevivientes de los acontecimientos del 19 y 20 de diciembre. La canción sigue siendo la misma. El universo de Nardini-Bernard es el de las miserias de la clase media porteña, hecha a los tumbos, acostumbrada a olvidarse del otro. Mucho más que en 76 89 03 (film resuelto con largos planos en blanco y negro y evidenciando unas condiciones de producción ajustadas) aquí se nota el oficio publicitario de la dupla en la puesta en escena y la economía del relato. Tal vez sea, finalmente, la retórica publicitaria la que mejor pueda dar cuenta del deterioro social de los últimos treinta años de la Argentina. El “revés de la tanda” que la dupla de directores muestra en sus historias (variaciones sobre una generación éticamente perdida) se compone de todo eso que resulta invendible, los desechos humanos de un país que se remató al mejor postor y que tuvo a la publicidad como cínica fachada. Puntillosamente pesimista, Regresados es la parte de atrás de una postal de la Argentina reciente.© |
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