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por ROBERTO VALLE
Pasaron más de cuatro años desde la primera proyección de Modelo 73, dentro de la competencia oficial del III BAFICI. En aquel entonces, el "nuevo cine argentino" estaba más vivo que nunca. Exploraba (y descubría) nuevas formas narrativas, nuevas estéticas, nuevos temas y puntos de vista. El estreno "oficial" del primer largometraje de Rodrigo Moscoso, obliga a ejercitar una mirada retrospectiva sobre un cine que supo sacudir y cuestionar los "modelos" convencionales. No es que ese tipo de películas haya dejado de hacerse. Por el contrario, aún hoy, siguen apareciendo filmes y realizadores novedosos aunque el rumbo que parece tomar la producción actual, se aparta bastante del que eligió Moscoso, en 1998, cuando rodó su opera prima. Un verano cualquiera, en Salta, tres amigos (de veinte años, "casi veintiúno") deciden juntar los pocos billetes que guardan en sus bolsillos, para pagar la primera cuota (de cuatro "sin interés y en pesos") de un "atractivo" Chevy modelo 73. La compra del auto es, para estos varones en crecimiento, como "ganarse la lotería". Según una fórmula de dudosa probabilidad pero de amplia aceptación, contar con un vehículo es sinónimo de "levante" y, en consecuencia, garantía de relaciones sexuales. Claro que el cálculo no da el resultado esperado, y lo que fue una promesa de felicidad se torna una frustración casi inmediata. Al día siguiente de la compra, el Chevy palma y los tres amigos vuelven a quedar de a pie y sin chicas. Será el azar, y no la premeditación, el que les proporcione a los jóvenes otra oportunidad. Gracias a una serie de hechos fortuitos, Ramiro, Manuel y Luis conocen a tres mujeres especiales y atípicas en la cinematografía nacional. Decididas, avasallantes, seguras de lo que buscan y anhelan, las chicas avanzan sobre estos hombres poniendo al descubierto la fragilidad profunda que se oculta detrás de la apariencia varonil. Recostado en este argumento simple y volcándose con mayor énfasis al desarrollo de "situaciones" (en apariencia insignificantes), Modelo 73 avanza hacia un final sin moraleja (inconcluso) pero cargado de "enseñanzas". En este sentido, el de Moscoso también es un filme iniciático que nos ubica dentro del complejo universo de sensaciones y ocurrencias que constituye el abandono de la adolescencia, el descubriminto del amor, la exploración del mundo laboral, la búsqueda de la propia identidad. Al igual que en su película precedente (el cortometraje Leo 16, 1995), el director aborda esos temas desde la posición de un observador privilegiado (tal vez porque muchas de las cosas que suceden en la trama surgen de sus vivencias privadas) aunque, al mismo tiempo, distante. Con ese propósito, Moscoso (bonarense de nacimiento pero salteño por adopción), reunió un grupo de actores no profesionales y un equipo técnico reducido (entre los que se cuentan algunos nombres que, tiempo después, dieron que hablar con sus películas, como Mariano Llinás -asistente de montaje-, Martín Mainoli -asistente de dirección- y Juan Villegas -co-guionista-, entre otros). Esa dotación logró consumar un relato descontracturado, fresco, libre de imposiciones narrativas y con el inconfundible tempo salteño (el que fuerzan las siestas y el bochorno del verano).© |
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