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por MARÍA IRIBARREN
"Enciendo la cámara con la secreta esperanza de filmar cómo las decisiones se transforman en imágenes", afirma la voz off de Carmen Guarini, mientras sigue a Edgardo Cozarinsky durante las alternativas del rodaje de Ronda nocturna. La película del cineasta argentino radicado en Francia (que este año se estrenó en salas comerciales) cuenta -con lujo de detalles for export-, una noche en la vida de un taxiboy porteño. En cambio, la de Guarini, inadvertidamente, hace suya aquella voluntad inicial de desentrañar cómo "las decisiones se transforman en imágenes" y construye un relato cargado de anotaciones brillantes, en torno a la convención del género elegido y algunos asuntos vinculados a la política (la ética) audiovisual. A los pocos minutos, el documental cobra cuerpo y materia por mérito propio. Tomando una distancia prudencial del objeto originalmente elegido, Meykinof se convierte en una reflexión minuciosa en torno a la complejidad de filmar "lo que sucede" -mayor a la de filmar "lo que hacemos suceder"- y el riesgo de hacer tambalear el verosímil. A veces, adopta la forma interrogativa ("¿Dónde se corta la delgada línea que separa la ficción de la realidad"?), otras gana vuelo conjetural de perfil deleuzeano ("Toda creación verdadera es una resistencia"). El título de la película, por ejemplo, se explica en un pasaje provocador y divertido, si se considera que Cine Ojo (empresa perteneciente a Céspedes y Guarini) tuvo a su cargo, también, la producción de Ronda Nocturna. Acechado por la cámara intrusa, acaso incómodo por su cercanía, en varias ocasiones, Cosarinsky explica a sus amigos que "Carmen" está filmando una especie de "diario de rodaje, un making off". En resumen, la estrategia de Cosarinsky para disipar su propio malestar, consiste en apropiarse de ese registro, ponerle nombre y razón de ser y, luego, dejarlo cautivo (algo así como un extra) de su propia película. Guarini no lo contradice. Al menos, no en palabras. En efecto, mantiene esas escenas en el montaje final, pero ejecuta un modesto acto de resistencia cuando deforma el enunciado en inglés, para escribirlo bajo la apariencia fonética, tal como se lee en el título: "Meykinof". Al cabo, es evidente que Meykinof tiene poco que ver -y es lo menos relevante- con un "detrás de la escena". En el transcurso de ambos rodajes, a medida que la realizadora se deja interpelar por "la realidad" (la que circunda, entra y sale de la trama de Ronda nocturna, pero sobre todo Ronda nocturna en tanto objeto observado y, por lo tanto, lo real absoluto), Meykynof renueva el significado de hacer cine. Entonces, Ronda nocturna -incluidos su director en plano detalle y en relación con sus colaboradores-, se convierte en blanco de una polémica que, aunque no llega a verbalizarse, aporta algunas de las ideas fuerza que deja en suspenso el estupendo filme de Carmen Guarini. ¿Qué es el cine? ¿Para qué se filma? ¿Quién es el "propietario" de una película?© |
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