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por ROBERTO VALLE
"¿Qué sería la obra sin el mito que nos hacemos de su creador?" -se pregunta uno de los tantos entrevistados que nutren con su testimonio este documental, con el que Gustavo Alonso (director y guionista) intenta echar luz sobre la historia del periodista Fabián Polosecki. Desde su aparición en la pantalla chica (1993), "Polo" se convirtió, voluntaria o involuntariamente, en un personaje. Es decir, en una construcción simbólica compleja que, en cierta medida, se nutrió de algunos rasgos de su verdadera personalidad. La desaparición repentina de la televisión (a pesar del éxito y los premios, sus programas se quedaron sin aire en el "mejor" momento de su carrera) y la muerte trágica (el 3 de diciembre de 1996 se suicidó), fueron suficientes para que aquel personaje diera lugar al mito. Mito que, con el paso del tiempo, se fue agigantando y que, entre otras cosas, sirvió para ocultar lo valioso y sintomático del "fenómeno Polosecki". Tres aspectos fundamentales atraviesan la historia de Polo: la militancia política (fue un importante referente de la Juventud Comunista en plena dictadura militar), el ejercicio del periodismo independiente y el interés por la vida de quienes habitan el "otro lado". Su obra refleja, de algún modo, la conjunción de estos tres aspectos. De eso da cuenta, a veces con sutileza, otras con evidente declamación, el filme de Gustavo Alonso. Recostado en lo testimonial y con fuerte presencia del material de archivo, La vereda de la sombra propone un recorrido biográfico que obliga a preguntarse si, en verdad, el "mito" en torno a la figura de Polo es lo que permite resignificar su obra o si, por el contrario, es ésta la que lo alimenta. En cualquier caso, el hombre reflexivo, misterioso, respetuoso de los silencios y las palabras que nos devuelve este documental, está más cerca del ser humano que del mito, lo que contribuye a poner su obra en una saludable perspectiva.© |
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