Septiembre  2008

 

 

 

 

 

 

 

Argentina. Francia.
2008. 115 min.

Dirección y Guión:
Fernando Solanas.

Investigación:
Fernando Solanas.

Producción:
Fernando Solanas, Pablo Rovito, Daniel Smyn y Carlos Atkins.

Fotografía y cámara:
Rino Pravato, Mauricio Minotti, Alejandro Fernández Mouján y Fernando Solanas.

Montaje:
Alberto Ponce, Mauricio Minotti y Fernando Solanas.

Sonido:
Lena Ezquenasi.

Música:
Gerardo Gandini.
Producida por:
Cinesur S.A., Les films du sud y Fond Sud.


 

 

por ROBERTO VALLE

 

Según datos oficiales de la Secretaría de Transporte de la Nación, en 1996, sobre un total de sesenta mil viajes “corridos” por los trenes de la región metropolitana de Buenos Aires, más de un 3% no cumplió con los tiempos programados. Diez años después, en 2005, de los casi cincuenta y siete mil viajes concretados (un 5% menos que en el ’96), más de un 13% sufrió algún tipo de demora. Es decir, en esos primeros diez años en los que el transporte ferroviario operó en manos de empresas privadas, la puntualidad del servicio cayó un diez por ciento.

Éste podría ser un dato menor a la luz de otros que evidencian, con mayor claridad, el deterioro sufrido por el ferrocarril, no sólo materialmente, sino también en la prestación del servicio durante la última década. Sin embargo, ese sólo dato, en cualquier parte del (primer) mundo, hubiera bastado para rescindir los contratos de los concesionarios que, a las claras, no cumplieron con el compromiso de mejorar la prestación que, según afirmaba el poder político de aquellos años, llegaría de la mano de las privatizaciones. Acerca de la dimensión del deterioro, el alcance de los daños económico y cultural que produjeron las privatizaciones, la complicidad del poder político y sindical en la concreción del escandaloso ferricidio y la magnitud del perjuicio que tal situación le generó –y le sigue generando- al país, de todo eso, decíamos, se ocupa La próxima estación, de Fernando “Pino” Solanas.

Se trata del cuarto filme, de un conjunto de cinco documentales, destinados a denunciar el “retroceso” que provocaron las medidas adoptadas por los distintos presidentes que se sucedieron en el ejercicio del poder, desde Carlos Menen hasta Cristina Kirchner.

Al igual que Memoria del saqueo (2003), La dignidad de los nadies (2005) y Argentina latente (2006), este cuarto largometraje articula una serie de datos estadísticos, entrevistas a funcionarios, especialistas y “gente común”, imágenes de archivo y registros directos de los hechos político-sociales más recientes y la pedagógica voz en off del cineasta, bajo la forma de un relato que busca poner blanco sobre negro en la historia más reciente de nuestro país.

En ese procedimiento, entre político y artístico, Solanas concilia de manera acertada y admirable, la urgencia de la denuncia y la pausa reflexiva del lenguaje cinematográfico. Como realizador, maneja los tiempos del relato, dosifica el dramatismo o la liviandad de cada momento, conduce a sus “personajes” por aquellos caminos que mejor le ayuden a resolver cada escena. En fin, opera sabiamente los resortes de la puesta en escena y el montaje.

Como político, apunta sus dardos directamente a los responsables de la gran estafa. Señala, con nombre y apellido, a quienes, ubicados en el “fuera de campo”, fueron o son artífices de la decadencia de un servicio que, antaño, supo ser motivo de orgullo para el país.

Sobre el final de la película, las figuras del cineasta y del político se conjugan bajo una nueva forma que, atenta a los tiempos que corren y a las necesidades que esos tiempos imponen, sede su lugar al único y verdadero protagonista de esta colección de documentales: el ciudadano. Los últimos minutos de La próxima estación, están dedicados a la gesta de ese hombre nuevo que, según Pino, reclama la Argentina del presente. Así, lo que había sido denuncia y exposición, se convierte en un llamado a la rebelión pacífica y a la resistencia activa.

No hay lugar para la gesta colectiva o de masas que (se) proponía La hora de los hornos. Estos son tiempos de pequeñas rebeliones sectoriales. Como la de los seiscientos habitantes del pueblo de Patricios que están empeñados en resucitar la vieja estación ferroviaria y así sostener la existencia del lugar que eligieron para vivir. De eso se trata esta película, de recuperar el único tren capaz de llevarnos a un buen destino: el de la propia vida.©

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