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por ROBERTO VALLE
El ignoto John Holowach, oriundo de Ohio, sampleador profesional y militante de la música de dominio público, debuta en la dirección cinematográfica con un documental que aborda el “problema” de la marihuana en los Estados Unidos. Su debut como cineasta, por desgracia, no resulta muy auspicioso. Menos aún, original. Es que High, el verdadero cuento de la marijuana en U.S.A. (entiéndase “cuento”, como “relato corto” –tale en el título original- y no como “fabulación”), abunda en procedimientos superficiales, manipuladores, simplistas y una larga lista de etcéteras, que lo acerca más a alguno de los tantos programas de “alto” impacto que abundan en la televisión norteamericana (Penn & Teller y su Bullshit es la mejor comparación), que a un buen punto de partida para pensar la relación de los ciudadanos del país del norte con el porro. Holowach declaró haber realizado el filme motivado por la evidencia de que sus conciudadanos, no tenían ni idea de lo que implicaba sumar su apoyo a la “guerra contra las drogas” o la puesta en práctica de los “programas de prevención”. Como en tantos otros aspectos de la vida social y política de ese país, para este émulo de Michael Moore, la mayoría de los estadounidenses son “engañados” por la desinformación que inventa el gobierno, en este caso, sobre el tema de las drogas y, en particular, el de la marihuana. Siguiendo un modelo por demás convencional, el director, guionista, editor, musicalizador, narrador y coproductor del filme, recurre a una variada serie de entrevistas (lo cual le asegura una “multiplicidad” de opiniones), datos estadísticos (presentados a través de vistosas infografías animadas que pasan a la velocidad de la luz dando poco margen para el análisis) y material audiovisual de archivo (básicamente fragmentos de películas de propaganda de los años cuarenta, un famoso audio que salió a la luz durante 2005 en el que el actual presidente Bush reconoce haber consumido marihuana en su juventud y un “polémico” video en el que se exhibe la violencia con la que la policía realiza una requisa dentro de una cárcel poblada, en un 90%, por negros y latinos). Acerca de este último ingrediente (el video de la requisa) cabe hacer una mención particular. Casi como una muestra acabada de la superficialidad con la que Holowach trata sus materiales y, por consiguiente, el escaso grado de reflexión que aplica sobre los mismos, las terribles imágenes de violencia y maltrato -un grupo de policías somete de manera brutal y humillante a unos cuantos convictos con el objeto de “encontrar” restos de droga en las celdas- son acompañadas por la voz off del director con una serie de comentarios pueriles, en tono irónico que, lejos de contribuir a dimensionar la gravedad de los hechos, los banaliza neutralizando el poder movilizador de esas imágenes. Tal vez allí resida la mayor incapacidad del filme: no poder ver más allá de la superficie. En este sentido, no es casual que varios de los entrevistados coincidan en manifestar que la solución al problema de la droga pasa por la “legalización del negocio” para que, de ese modo, deje de estar en manos de los narcotraficantes y pase a estar bajo el control del Estado. Es decir, todo se reduce, en última instancia, a una ecuación comercial. ¿Es que los norteamericanos son incapaces de pensar sus vidas por fuera de la lógica económica? Ésa es, en todo caso, la mejor evidencia que aporta este insípido filme.© |
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