Julio 2005

 

 

 

 

 

 

 

Gente di Roma.
Italia.
2003. 90 min.

Dirección:
Ettore Scola.
Guión:
Ettore, Paola y Silvia Scola.
Fotografía:
Franco Di Giacomo.
Montaje:
Raimondo Crociani.
Música:
Armando Trovaioli.
Producida por:
Roma Cinematográfica y el Istituto Luce.

 

por SILVIA ANGIOLA

 

Una ciudad es un conglomerado de calles, de edificios y de monumentos. Una parte de la Historia, con unas pocas certezas y mucho de mito, que se reaviva en cada ruina. Un estatuto cultural y social que se hereda, se anhela o se conquista. Un puñado de recuerdos, el telón de fondo de una película, y todas las palabras que se han escrito sobre ella. Y es, también, la amalgama de personas que la atraviesan, que la limpian, que la arman y desarman a diario, que casi no la miran pero que intuyen que sus vidas, de transcurrir en otro lado, serían radicalmente distintas. Somos pasajeros, inquilinos de nuestras ciudades eternas.

Muy temprano en la madrugada, un colectivo inicia su recorrido por Roma, la ciudad adonde conducen todos los caminos. La cámara lo abandona una y otra vez para perseguir brevemente a un personaje o para meterse en un edificio, recogiendo una serie de anécdotas, una sucesión de postales vivas independientes entre sí, pero cuyo significado se potencia al encadenarse con la anterior. Algunas, memorables, poseen una autonomía dramática neta. Otras son fugaces caricaturas de una realidad compleja, filtrada con sensibilidad y humorismo. Todas buscan aproximarse a la "romanidad". Un hombre que ha sido despedido de su trabajo madruga, como siempre, sólo para deambular por las calles. Un empleado de limpieza recita a Shakespeare en el Capitolio, bajo la estatua de Julio César. Con picardía, un presunto periodista africano demuestra tener toda la razón cuando le describe al más típico de los romanos las particularidades de sus conciudadanos. Un adolescente espera escandalizar a un anciano escribiendo groserías en el colectivo. Los grandes cines de antaño se han convertido en bingos. Hasta los muertos discuten en el cementerio en una escena que remite a Dostoiewski. El antiguo ghetto de Roma retiene las dolorosas vivencias de los judíos deportados durante la Segunda Guerra Mundial. Y la izquierda parece perder la brújula en la histórica protesta del 2002, en la Plaza San Giovanni, con Nanni Moretti y Vittorio Foà.

La fragilidad y la soledad de la vejez es un tema cardinal de la película. El deterioro de la memoria atenta contra la esencia misma de cada persona. El cine, hacer películas, también es una forma de restituir esos recuerdos que se evaporan.

En la Plaza Navona, en un final que fuera pensado para Alberto Sordi, un aristócrata baja de una carroza e intercambia un saludo cariñoso con un indigente. En Roma todo es posible: hasta la amistad, incluso la familiaridad, entre clases sociales opuestas.

Ettore Scola nos ofrece algo que nunca podríamos llevarnos de Roma en un rollo de fotos o en un video familiar: el espíritu de sus paisanos. Es un cicerone que en vez de mostrar un lugar geográfico prefiere mostrar una mentalidad, una forma de ser. Roma parece capaz de albergar con humor todas las contradicciones y todos los extremos. Pero bajo esa envoltura benévola el director apunta a los problemas sociales más delicados: el desempleo, la inmigración, la xenofobia, la indiferencia.

Entre documental y película en episodios, mezclando actores veteranos y no profesionales, entre la crítica y la ternura, Gente de Roma demanda que el espectador rellene los antes y los después de cada historia, y encuentre el hilo que las enhebra a todas.©

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