Octubre 2006

 

 

 

 

 

 

 

Argentina / Holanda / Francia.
2006. 63 min.

Dirección y Guión:
Lisandro Alonso.
Productores ejecutivos:
Lisandro Alonso, Ilse Hughan y Marianne Slot.

Productora:
Micaela Buye.
Fotografía:
Lucio Bonelli.

Montaje:
Lisandro Alonso y Delfina Castagnino.
Sonido:
Catriel Vildosola.
Música:
Flor Maleva.
Producida por:
4L, Fortuna Films y Slot Machine.

 

por ADRIÁN PÉREZ LLAHÍ

 

Solamente en ciertos aspectos visuales, parece haber un corte entre este tercer largometraje de Lisandro Alonso y sus dos obras anteriores. Fantasma es una película que transcurre íntegramente en oscuros interiores -las instalaciones del Teatro San Martín- ni bucólicas ni turísticas, en contraposición a aquellas diáfanas imágenes rurales que tanto habían sorprendido en sus dos primeros filmes. Este rotundo cambio de paisaje, en todo caso, marca la permanente cuota de riesgo que Alonso sigue asumiendo ante cada nuevo proyecto, que felizmente lo aleja de la tentadora posibilidad de repetirse íntegramente sobre aquella mínima anécdota (tallada a la perfección) que significó su primer film.

Por fuera del pequeño gran cambio que supone este traslado del campo a la ciudad, la película se ocupa de consolidar todos los detalles que hacen de Alonso el autor más reconocible del nuevo cine argentino. Podemos apreciar la misma cadencia, trabajada sobre planos largos, fijos o con lentas panorámicas. La misma presencia casi romántica del entorno a partir de una excepcional manipulación del sonido. El mismo escrúpulo a la hora de agregar sólo los diálogos que son imprescindibles. La película muestra esa pátina anodina que también cubría a La libertad y a Los muertos, dándole a todo lo mostrado el mismo valor, cotidiano y contingente.

Su argumento, tan tenue como en los casos anteriores, consiste en el arribo a Buenos Aires de Misael Saaverdra y Argentino Vargas (protagonistas de los dos primeros filmes de Alonso) para el estreno de Los muertos, que tuvo a Vargas en su rol principal y que, tal vez, sea una de las mejores segundas películas de la historia. Todo lo que vemos, durante buena parte de los sesenta y cinco minutos de metraje, es a ambos personajes deambulando en forma paralela por pasillos y escaleras. Casi al final, Vargas ingresa a la sala Leopoldo Lugones y se sienta, solo, a ver imágenes del film que protagonizó hace un par de años.

Frente a las historias contadas anteriormente, más allá de la continuidad de ese estilo despojado y cansino que, sin dudas, otorga a la obra de Alonso una consistencia admirable, Fantasma se caracteriza por un particular ensimismamiento. Pese a mantener el estatuto ficcional de sus largos anteriores, este tercer filme se acerca a lo que podría ser un documental de su propia obra, una suerte de institucional estilizado. Sus personajes están presentes ahora en tanto protagonistas de sus filmes anteriores y toda la acción transcurre dentro del cine en el que Alonso viene estrenado sus películas en forma exclusiva y por fuera del circuito comercial. Vale decir que Fantasma debe ser uno de los pocos casos en la historia de un film que sucede en la misma sala en la que está siendo proyectado.

Siendo uno de los menos conocidos, uno de los menos vistos por el gran público, Alonso debe ser el director activo más prestigioso del cine argentino y uno de los pocos cuya filmografía completa ha pasado por Cannes y los festivales más importantes del mundo. Fruto de ese lugar de privilegio, sucede esta tercera aventura, este tercer experimento, que si bien no deja de ser estimable en sus logros formales, aparece como lo menos interesante de su filmografía hasta el momento. Fantasma se muestra como un filme demasiado pendiente del lugar que ocupa dentro del campo del cine.

Alonso es un caso único dentro del cine argentino: una de las pocas fuentes genuinas de búsqueda permanente, en medio de un panorama local que parece volver a estacionarse en ese promedio que lo solía caracterizar. Está ya claro que de la cámara de Alonso van a salir muchas de las mejores imágenes del cine argentino del futuro ya que se trata, todavía, de un director en formación que muy bien esconde en su ascético estilo la conciencia de sus propias limitaciones. Fantasma es en esta historia como un descanso, como la mirada hacia atrás de quien ve consolidados sus primeros pasos y festeja, parcamente allá entre sí, ese sitial en el arte, merecido por cierto, que el destino ya le tiene asegurado.©

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