![]() ![]() |
|||||
![]() |
|
||||
por ROBERTO VALLE
Obsesionado por la figura de Robert Schumann, el músico Gerardo Gandini comprendió que la única manera de exorcizar el fantasma del maestro alemán, era a través de la composición. Fue así como nació Liederkreis, una ópera sobre Schumann (estrenada en el Teatro Colón, el 26 de noviembre de 2000). Movido por otra clase de obsesión, o quizás por una genuina admiración hacia la persona y el trabajo de Gandini, el cineasta Rafael Filippelli se abocó, más o menos para esa misma fecha, a la realización de un documental cuya intención original fue reflejar la personalidad compleja del compositor argentino y su esforzado empeño por "explicar lo que no se puede explicar" de la música. Arrastrado por la potencia creadora de Gandini, Filippelli decidió -en plena etapa de realización- cambiar el foco de atención de su película. Esas cuatro notas ya no sería un retrato sobre el artista, sino sobre el proceso creativo de su obra. Más exactamente, sobre la puesta y montaje de Liederkreis. Para ello, Filippelli introdujo su cámara en los ensayos y preparativos de la ópera e indagó, desde la posición de un observador discreto, los procedimientos artísticos de Gandini. La ópera en cuestión (cuyo título traducido significa, literalmente, "círculo de canciones"), extrae de la obra de Schumann una cierta idea de distribución, en la que cada una de las piezas que la componen (en este caso las canciones) gravitan en torno a un único centro. Integrada por once escenas más un interludio pianístico, Liederkreis expone, antes que un relato lineal, la interioridad de los personajes. Filippelli adopta el modelo expositivo que Gandini eligió para su obra, y lo aplica de manera sincrónica a la película, desarrollando, de ese modo, un "relato" que se superpone, minuto a minuto, al de la ópera. De esta manera, el minuto quince de Liederkreis coincide, por ejemplo, con el minuto quince del documental (una vez superado el prólogo con el que se inicia el filme). Como en la ópera, las "escenas" de Esas cuatro notas giran alrededor de una única sede creadora: Gerardo Gandini. Pero el músico no es el protagonista exclusivo de esta película (aunque sí la fuerza rectora cardinal). Casi podríamos decir que son tres los "personajes" que, explícita o implícitamente, se hacen presente en Esas cuatro notas: Gandini, por supuesto, es uno de ellos. Schumann (y su música) es el segundo. El tercero es el Teatro Colón. No ya como espacio en el que se exhibe la obra o se ejecuta su representación pública, sino como parte integral de ella. Luces, vestuario, escenografía, son componentes esenciales de la puesta en escena, tanto de la ópera como del filme. Acompañando a este triángulo protagónico, emergen otros cuatro personajes -algo fantasmagóricos- que deambulan por los pasillos y salones del teatro, ofreciendo un puñado de reflexiones (expuestas en forma de subtítulos) acerca de la pieza de Gandini. Ellos son (o están interpretados por): la pianista Haydée Schvartz, la ensayista Beatriz Sarlo, el musicólogo Omar Corrado y el crítico Federico Monjeau. Esas cuatro notas no es -ni pretende ser- un documental sobre el género, aunque, tal como afirma Gandini, la película de Filippelli logra reponer "el misterio de la ópera". Un misterio que, merced a los buenos oficios del cineasta, se torna bello y cautivante.© |
|||||
Quiénes somos | Mapa de
sitio | Publicidad |
|||||
|
|||||