Junio 2008

 

 

 

 

 

 

 

Argentina.
2006. xx min.

Dirección y Guión:
Gustavo Postiglione.

Producción e Investigación:
Mauro Camilatto.

Fotografía:
Gabriel Guillaumet.

Edición:
Lucio García.
Realización de entrevistas:
Mauro Camilatto y  Tomás Luders.
Producida por:
Instituto Superior Dante Alighieri (Venado Tuerto), Escuela de Comunicación Social de la Universidad Nacional de Rosario y Gobierno de la Pcia. de Santa Fe.


 

por ROBERTO VALLE

 

Los desaparecidos no están, no son, no tienen entidad,
son entelequias,son incógnitas, no existen
”.
Genocida, Jorge Rafael Videla.

 

En “El carácter genocida del Proceso de Reorganización Nacional”, publicado en el libro “Cine y Derechos Humanos”, el profesor Daniel Feierstein sostiene, a propósito de la última dictadura, que “no se trató ni de una guerra que tuvo un enemigo únicamente militar –la guerrilla- ni de un ejercicio del terror indiscriminado sobre el conjunto social, sino precisamente de una ‘operación quirúrgica’ claramente delimitada, frente a un grupo de población específicamente discriminado y cuya ausencia por aniquilamiento permitiría fundar la nueva sociedad, transformando a dicho grupo nacional a través del aniquilamiento de una parte de sí, cuya desaparición operaría efectos sobre el conjunto.” En consonancia con esta idea, Feierstein afirma que, más allá del carácter político de dicho aniquilamiento, se torna difícil plantear en los mismos términos la unidad de las víctimas, dado que “incluye a peronistas de izquierda, marxistas de diversas afiliaciones, populistas de distintos orígenes y a los ‘elementos disolventes’, entre los cuales se incluyen determinados perfiles profesionales como ‘psicólogos, psiquiatras o freudianos’, pero también ciertos ‘educadores’ (como quienes enseñan la matemática moderna o fomentan el trabajo en grupo) o ciertos ‘religiosos’ (aquellos identificados con la ‘Teología de la Liberación’).”

La puesta en práctica de esa “operación quirúrgica” que tuvo lugar entre 1976 y 1983, demandó una serie de “ensayos” previos que permitieron establecer, no sólo la efectividad de los métodos aplicados (persecución, secuestro, tortura, asesinato y desaparición), sino también el tipo de respuesta que la sociedad civil y sus instituciones estaban dispuestas a adoptar. Habrá que contar, entonces, entre esos antecedentes a los fusilamientos de José León Suárez –en junio de 1956-, la masacre de Trelew –en agosto de 1972- y el secuestro y desaparición de Angel Brandazza, en noviembre de ese mismo año.

Hacia este último caso dirige su cámara Gustavo Postiglione para, basándose en una investigación del periodista Mauro Camillato, construir una suerte de documental testimonial atravesado por recursos dramáticos de la ficción. El paradigma Brandazza, tal como lo indica su título, rescata la historia del secuestro y posterior asesinato de quien fuera el primer argentino desaparecido por “las fuerzas conjuntas” de seguridad.

Angel “Tacuarita” Brandazza fue secuestrado en Rosario, el 28 de noviembre de 1972 (cuando tenía veintitrés años de edad), por integrantes del ex comando SAR (Sub Área Rosario) dependiente del II Cuerpo de Ejército e integrado por militares, policías y gendarmes. Al día siguiente de su desaparición, el joven militante de la agrupación universitaria peronista “Unión de Estudiantes del Litoral”, formado en un tradicional colegio católico y en el trabajo social solidario, falleció producto de la tortura física a la que lo sometieron los secuestradores. El cuerpo fue desaparecido y así permanece hasta el presente.

El filme, al que el propio Postiglione considera “un trabajo en construcción y no porque deba ser concluido en algún momento sino porque es un video abierto, un esquema de película y no una película cerrada”, se articula a partir de dos “tipos” de contenidos: el informativo y el reflexivo.

El primero consiste en una serie de entrevistas a personas relacionadas directa o indirectamente con la víctima y su caso (compañeros de militancia, familiares, integrantes de la Comisión Bicameral que –en su momento- investigó y denunció la desaparición) y algunas –pocas- imágenes de archivo que dan cuenta de la época. El segundo es en el que más se percibe la “mano” de Postiglione, ya que se trata de una puesta en escena ficcional de los debates y discusiones protagonizados por aquellos militantes políticos de los años setenta (incluyendo al propio Brandazza), a través de la cual se busca poner en cuestión algunos de los principales argumentos ideológico-filosóficos que dieron forma y sustento a dicha militancia.

Es en ese plano en el que El paradigma Brandazza resulta más estimulante, sobre todo porque, muy acertadamente, el realizador evita caer en la “bajada de línea” y, por el contrario, pone en primer plano la amplitud del abanico de posiciones que estaban en debate durante esos años.

Si bien es cierto que, acaso por cierto afán didáctico, el resto del documental no escapa a determinados convencionalismos formales que resienten de algún modo el resultado final, El paradigma Brandazza representa en su conjunto, un acercamiento más que interesante a un episodio fundamental para comprender el devenir de la historia reciente de nuestro país.©

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