Abril 2008

 

 

 

 

 

 

 

Den brysomme mannen
Noruega/Islandia.

2006. 95 min.

Dirección:
Jens Lien.

Guión:
Per Schreiner, basado en una novela radial noruega.
Producción:
Jørgen Storm Rosenberg.

Fotografía:
John Christian Rosenlund.

Edición:
Vidar Flataukan.
Sonido:
Kenneth Gustavsen.
Música:
Ginge Anvik.
Producida por:
Sandrew Metronome Norge A/S, The Icelandic Filmcompany y Tordenfilm.


 

por MARÍA IRIBARREN

 

En primer plano, una pareja se besa en profundidad. El acto ruidosamente mandibular resulta, sin embargo, algo mecánico. La cámara se aleja, abandona a los jóvenes en el telón de fondo para dejar en primer plano la figura de un hombre de unos cuarenta años. Parado en el borde del andén de un subterráneo, es evidente su estado de desasosiego. Los trenes van y vienen a su espalda. Con las manos en los bolsillos, el hombre, observa hacia uno y otro lado. Parece estar incómodo, apurado, contrariado. El ruido de un tren que se acerca sugiere la inminencia de algo terrible que va a suceder. El ruido se escucha más cercano. El hombre salta. Corte. Fundido a blanco.

Así suceden los primeros minutos de El inadaptado, la película del noruego Jens Lien (cuyo título original, Den brysomme mannen, en inglés, The bothersome man, se ajusta mejor a su asunto: El hombre fastidioso). ¿Quién era ese hombre? ¿Acaso murió? Y si fuera así, tal como obliga a interpretar el fundido a blanco, ¿qué es lo que viene a continuación? Fuera del sentido que cobra en el contexto de la historia, esta escena señala el modelo estructural de El inadaptado: un filme cuya peripecia avanza mediante episodios y duplicaciones (ni especulares ni complementarias, ni simétricas ni sucesivas) que desafían la función especulativa del espectador y ponen en clave de relato, la idea deleuzeana del bucle temporal (el tiempo no es lineal ni circular: es una línea en forma de espiral, que pasa dos veces por el mismo lugar aunque tocando otros puntos) y la descripción freudiana de la dinámica que caracteriza el inconsciente (la condensación y el desplazamiento).

Situada en una dimensión de “no realidad” (¿el limbo? ¿el más allá? ¿la ficción fantástica? ¿un cyberpunk sofisticado y nórdico?), la trama cuenta la historia de Andreas, un contador que llega a una ciudad indeterminada, en donde, va a intentar en vano compartir sus necesidades y anhelos sensuales.

De colores fríos (predominantemente gris acerado), la geografía que lo ¿acoge? es geométrica y despojadamente pulcra, brillante, clara. Bisagra analógica de la contextura emocional de sus habitantes, la ciudad reparte su identidad arquitectónica (interior y exterior) entre las apariencias de hipermodernidad y de clasicismo inmobiliario. La doble posibilidad es, en efecto, la idea de la película que, de antemano, plantea el título: la de un hombre cuyo sentimiento de fastidio, fastidia a sus semejantes.

A partir de allí, todo es lo que es aunque, también, su consecuencia. Cada movimiento de Andreas afectará su situación precipitándolo hacia el territorio más inhóspito de esa extraña comunidad. En todo caso, tornándolo, extraño a la lógica que los alienta: “La mayoría de la gente es feliz aquí. Piensa que es una linda ciudad. Hay todo lo que necesitas. La mayoría de la gente es feliz y estamos orgullosos de eso”.

Alegórica pero no ilustrativa, El inadaptado elude la pedagogía reparadora. Es, sobre todo, una película de ideas (fastidiosas y fastidiantes), y un montón de ideas sobre el presente, la percepción y el deseo hechas cine.©

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