![]() ![]() |
|||||
![]() |
|
||||
por ADRIÁN PÉREZ LLAHÍ
Es una de las pocas constantes dentro de la dispersión que propone el cine argentino reciente: la de suceder “aquí y ahora”. Poco adeptas incluso al mero flashback, las películas nacionales de la última década se han apoderado del presente urbano hasta convertirlo en el substrato de su propia poética. La operación es cercana a la de aquel primer “nuevo cine argentino” que, hace más de cuarenta años, salió a redescubrir la ciudad, tomando distancia de toda una tradición que supo hacer del “drama social folklórico” uno de los puntales de los años de oro. Para la geografía del cine argentino, el lugar del campo (retomando cierto ideario fundante de “lo nacional”) siempre ha sugerido una especie de reserva moral, un lugar idílico en el cual redimirse. El proyecto de Scheuer toma distancia de esa concepción tradicional. La idea de revisitar la pampa no se completa aquí con una mirada nostálgica sobre aquel cine nacional clásico (que de algún modo la inventó para el gran público), ni sobre la propia vida rural del siglo XIX (que ya era una imaginación heredada de la literatura canónica). El desierto negro es una película de convicciones modernas. En su aspecto visual, el film resulta un raro prodigio. Ajeno a cualquier realismo, Scheuer, por medio de la fotografía de Javier Crespo, reviste el típico paisaje de la campaña (esa panorámica hecha de cielos vastos y horizontes bajos) con una paleta discreta y contrastada. Lo que consigue es un lugar renovado y extraño para relatar el viejo y conocido mito del gaucho perseguido por la ley. Es en esta brecha entre un espacio alterado y un relato hipercodificado donde se juega la tesis del film. El héroe en fuga es un sujeto parco y distante que se debate todo el tiempo con las escenas de un pasado feroz. La partida que quiere darle alcance termina reduciéndose a un único oficial, demasiado joven y ambicioso. Las formas del heroísmo, ese gesto tan criollo, terminan entonces por disolverse en un enfrentamiento mezquino y casi burocrático. El duelo singular se vuelve una cosa superflua, ante la inmensidad que nos ofrece un desierto hecho soledades y silencios, abandonado, al margen todavía de cualquier proyecto nacional.© |
|||||
Quiénes somos | Mapa de sitio | Publicidad |
|||||
|
|||||