Abril 2008

 

 

 

 

 

 

 

Come l'ombra
Italia.

2006. 87 min.

Dirección:
Marina Spada.
Guión y Producción:
Daniele Maggioni.
Fotografía:
Sabina Bologna y Giorgio Carella.

Monaje:
Carlotta Cristiani.
Sonido:
Paolo Benvenuti.
Música:
Tommaso Ledi.
Producida por:
Film Kairoz.


 

por ADRIÁN PÉREZ LLAHÍ

 

Hace ya muchos años sucedió el cine moderno. Allí cambiaron los resortes de la narración (para siempre) y, pletórico de realidad, el mundo se volvió opaco ante el ojo de la nueva cámara inquieta. La ambigüedad (tan propia de las cosas ciertas, que nunca son del todo claras) se tornó una premisa y, de pronto, la imagen reparó en la importancia de su duración. Ahora el cine era tiempo transcurrido.

En esa tradición, tan cara a la producción italiana de posguerra, se inscribe el segundo largometraje de Marina Spada, que nos devuelve las horas solitarias de Claudia, sobreviviendo en la gran ciudad. Poco importa que esa ciudad se llame Milán y el trabajo sea en una agencia de viajes. Desmintiendo la lógica del turismo, el trabajo en la agencia es monótono e impersonal y Milán, una urbe industrial y ajena.

Como una anécdota, la historia es pequeña y de acotada trascendencia. Al hastío de Claudia se suma Olga, una joven ucraniana cuyo arribo al norte de Italia no excluye algún interés comercial. El mundo continúa moviéndose alrededor de las dos mujeres mientras ocurre cierta amistad entre ellas.

La comparación no es pertinente pero, si a las Promesas del este de Cronenberg le quitáramos el color de la mafia y esa obsesión del realizador por los cuerpos intervenidos, tal vez queden estos apuntes dispersos sobre gente que viaja y se pierde, no sin antes transitar alguna desilusión. El substrato material de cualquier migración. Olga anhelaba visitar “la tierra de Miguel Ángel, de Leonardo, de Armani”. Olga compra vestidos por cinco euros en las tiendas del barrio chino, para mandar a sus familiares y que puedan hacer una diferencia, allá en Kiev.

Por su intención y sus formas, Como la sombra es una película moderna. Confía entonces en que el cine puede revelarnos algo sobre el mundo. La experiencia documental de la realizadora (denotada en el emplazamiento de la cámara y el tratamiento del espacio en general) ayuda a construir el marco necesario para reparar en lo importante: cada día que pasa, Occidente es más pequeño y parecido a sí mismo. Tanto, que ya cabe en una moneda.©

Quiénes somos | Mapa de sitio | Publicidad

Prohibida la reproducción total o parcial del contenido de este sitio.
Cinecrópolis es propiedad de María Iribarren y Roberto Valle.
Optimizado 800 x 600. Buenos Aires, Argentina.