Julio 2008

 

 

 

 

 

 

 

Argentina.
2006. 62 min.

Dirección:
Gustavo Laskier.

Guión:
Nicolás Solezzi.

Producción:
Gustavo Laskier.

Fotografía:
Sergio Morkin y Gustavo Laskier.

Edición:
Fernando Brofman y Gustavo Laskier.
Música:
Fernando Longobardi y Solana Biderman.

Sonido:
Damián Pinto y Santiago Greco.
Producida por:
Monada Cine.


 

por ROBERTO VALLE

 

Nos llevan a todos, o no se llevan a ninguno”.
Consigna de un asambleísta ante el probable
accionar policial durante un desalojo.


"El 2001 será un buen año para todos…¡Que lindo es dar buenas noticias!”, dice Fernando De la Rúa mirando a cámara con gesto impávido en un spot publicitario destinado a apuntalar su resquebrajada gestión de gobierno. Así comienza Colegiales, asamblea popular, el documental que Gustavo Laskier filmó entre 2001 y 2004. La inclusión del mencionado fragmento como apertura del filme tiene, claramente, un sentido irónico. De más está decir que en el mes de diciembre de ese mismo año, tras una acumulación de hechos puntuales –entre ellos el progresivo deterioro de la economía- se produjo el estallido socio-político más conmocionante que vivió la Argentina en los últimos años. Sin embargo, la “predicción” de De la Rúa asume más de un sentido a la luz de todo lo que ocurrió después en el país y de la sucesión de imágenes que despliega el filme de Laskier en poco más de una hora.

Casi se podría decir que, tal como lo vaticinó el depuesto mandatario, el 2001 fue –finalmente- un “buen año para todos”, si por “bueno” se entiende la posibilidad de iniciar un período de cambios políticos y sociales que, aún hoy, no parece haberse cerrado.

La cara más visible de esos cambios fueron, sin lugar a dudas, las asambleas populares. Espacios de emergencia de una clase media que parecía “callada”, surgidos en infinidad de barrios de todo el país, a la sombra de un descontento y un descreimiento casi generalizado por parte de la sociedad, frente a la inoperancia de la dirigencia política. “Los políticos” perdieron en 2001 –al menos por un rato- su dominio exclusivo sobre “la cosa pública” y “el público”, precisamente, se hizo cargo de llevar adelante las mejoras que reclamaba para su propia realidad.

Aquellos eran tiempos de integración (¿recuerdan eso de “piquete y cacerola, la lucha es una sola”?). Algunos sectores de la clase media –sobre todos los que más habían sufrido el descenso en la escala social- dejaron de mirarse el ombligo y comenzaron a tomar conciencia de las condiciones de existencia de los “otros”. “Piqueteros”, “cartoneros”, pasaron de ser una “amenaza” o una “molestia” a convertirse en “aliados” de una lucha que, en principio, parecía ser la misma.

Lejos de cristalizar una idea romántica de las asambleas populares, Colegiales… exhibe el desarrollo de uno de esas experiencias (en este caso la de la Asamblea del barrio porteño que da título al documental), poniendo en escena las virtudes y miserias, los aciertos y fracasos, de una práctica política que, si bien no nace con la crisis del 2001, resultó novedosa para muchos de aquellos “caceroleros” y, como tal, una instancia más de aprendizaje que de cambio.

Aunque en varios pasajes del filme, Laskier se vale de las imágenes de los medios (las cuales sólo sirven para reponer el contexto y, de ningún modo, para “pensarlo”), su cámara está presente en los momentos claves para comprender la dinámica y la evolución que estos espacios de participación fueron desarrollando con el tiempo. Ya sea a través de los testimonios de los asambleístas, del registro de los debates dentro de la asamblea o el de sus acciones concretas, el filme va construyendo un relato de una nueva forma de práctica política –no siempre reconocida como tal, incluso por los propios practicantes- que hoy parece estar totalmente apagada o, quién sabe, tal vez subsista bajo la superficie de nuestra actual realidad. Como esas brazas encendidas que se ocultan tras las inofensivas cenizas de un fuego que supo arder y que, cuando menos se espera, una brisa descuidada lo puede hacer reavivar.©

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