Mayo 2008

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

  Publicidad

por ROBERTO VALLE
 

Hermano menor del líder revolucionario Mario “Roby” Santucho, él mismo formador de cuadros del PRT-ERP durante los años sesenta y setenta, Julio Santucho es, desde 1997, el director del Festival Internacional de Cine de Derechos Humanos (DerHumALC).

Único en su tipo dentro de nuestro país, el Festival reúne una nutrida selección de películas de varias partes del mundo que abordan las distintas temáticas relacionadas con los derechos universales del hombre: desde las complicaciones migratorias hasta los trastornos del medio ambiente, pasando por la preservación de la memoria histórica y su relación con la lucha contra las dictaduras de todo tenor, las demandas de los pueblos originarios, la situación de vulnerabilidad planetaria de los niños y los jóvenes, o los contenidos de la agenda reivindicativa de género.

A horas del inicio de la décima edición de DerHumALC, conversamos con su director sobre los orígenes de la muestra, la evolución que tuvo en estos años, la situación actual de los Derechos Humanos en nuestro país -según su propia mirada- y los planes para el futuro.

¿Cuándo y en qué circunstancias nace el Festival?

Yo volví del exilio en 1992. Venía de hacer una práctica con el audiovisual en la universidad italiana en la que estaba trabajando. Allí enseñaba literatura y acompañaba algunas clases con proyecciones de películas que tenían que ver con la literatura latinoamericana. Provisto de esa idea de unir el cine con un tema específico, se me ocurrió que, quizás, podíamos hacer algo así en Argentina pero aplicado al tema de los Derechos Humanos, ya que estaba, y estoy, comprometido con todo lo que tiene que ver con la memoria, la lucha contra la dictadura y la impunidad.

Noté que en la Argentina, por aquella época, el número de personas comprometidas con estos temas era muy fuerte. En 1996, cuando se cumple el vigésimo aniversario del golpe, tienen lugar en todo el país multitudinarias manifestaciones y marchas de repudio. Evidentemente ya no eran sólo las Madres las que se ponían al frente de la lucha contra la impunidad. Por otro lado, empecé a darme cuenta de que se estaba produciendo, desde distintos lados, mucho material audiovisual relacionado con esta lucha. Fundamentalmente películas documentales, en su mayoría de producción independiente. El “gran” cine argentino, al principio, se había borrado. No hablaba sobre esos temas. Pero, en cambio, sí había mucho material de producción independiente, realizado por gente joven.

Pensé entonces que podía ser algo útil apoyar la difusión de esas películas. Inspirado en la figura y el trabajo de Raymundo Gleyzer -injustamente desconocido en ese momento- me puse a trabajar en la concreción de un festival de cine junto a Álvaro Melián, que había sido compañero de Raymundo en Cine de la Base y que se hizo cargo de la dirección artística de aquella primera edición, y a Fernando Martín Peña, que ofició como programador de la misma. La idea era recuperar esa imagen de lucha que Gleyzer representaba para nosotros. Así iniciamos el viaje por este largo camino.

¿Qué cambios o evolución se produjeron durante ese viaje?

Haciendo un balance se ve que, en los primeros años, estábamos muy centrados en los temas de la dictadura, la memoria y la denuncia de los crímenes en Argentina y Latinoamérica. Pero a partir del 2001 el foco se trasladó al terreno de los problemas sociales. Siempre estuvo presente en el espíritu del festival la preocupación por lo social. De hecho, en el catálogo de la primera edición ya lo decíamos: en la Argentina de hoy no se están violando los Derechos Humanos por parte de una dictadura sino por parte de las multinacionales, bajo formas económicas. Esto, para nosotros al menos, ya era evidente en aquellos años.

En ese sentido, hicimos el esfuerzo de darle cabida a la mayor cantidad posible de expresiones políticas, representadas en las múltiples agrupaciones de documentalistas que surgieron en los años previos al 2001, sumándole a esto el material internacional que trataba esos temas. Ese fue el segundo período.

La tercera etapa comenzó en 2004, que es la época en la que el festival no sólo pone un pie en la Provincia de Santiago del Estero sino que empieza a trabajar más estrechamente con diferentes organizaciones sociales. Esa colaboración se materializa en esta última edición, en el hecho de que hemos incorporado a esas organizaciones en las tareas de coordinación de la programación de las diversas secciones del festival Además, ellas mismas realizan actividades paralelas y entregan un premio a las mejores películas de cada sección.

Nuestro deseo es que el festival tenga la mayor apertura posible. Que no sea un evento “cerrado”, hecho por y para especialistas, sino que podamos “masificarlo”.

¿Entiende el festival como una intervención política de qué grado?

El objetivo del festival no es apoyar a un partido político ni constituirse como tal. Hacemos “política” pero desde un rol crítico. Criticamos las situaciones existentes de violaciones de Derechos Humanos y fomentamos la construcción de una cultura alternativa, de transformación, de cambio, de búsqueda.

En ese sentido, ¿cree que el festival cumple una función de denuncia?

Denuncia sola no. Denuncia pero también difusión de las luchas que hay actualmente en varios países, pero sobre todo en América Latina, para cambiar el mundo. Luchas que a veces se conocen y otras veces no. El festival puede asumir un rol de denuncia y de contra información, pero también debe ser un espacio para la reflexión.

Nosotros seleccionamos películas que buscan impactar. Que tienden a mover a la reflexión, ya sea por su contenido o por su forma. La peor derrota que podemos sufrir es la indiferencia. Si el público que pasa por el festival no reacciona ante lo que ve, entonces nosotros no logramos nuestro objetivo.

En esta décima edición del festival se va a realizar el segundo Encuentro de la Plataforma Audiovisual Intercontinental. ¿Qué es exactamente y qué objetivos persigue esta “plataforma”?

La Plataforma nació en septiembre de 2007. En esa fecha se hizo un primer encuentro de instituciones y festivales en el marco de la 34ª Jornada Internacional de Cinema da Bahía. Se trata de un esfuerzo por coordinar las cinematografías del Sur. Un “Sur” geográfico y político (que incluye a América Latina, África y Asia). En esta edición del festival, propiciamos un nuevo encuentro del que van a participar representantes de los Pueblos Originarios y afrodescendientes, además de los realizadores argentinos. Se trata de ampliar las redes y buscar nuevas formas de colaboración con las cinematografías de aquellos países que antes llamábamos del “Tercer Mundo” y que ahora llamamos “del Sur”.

Esta colaboración debería verse reflejada en acciones concretas de producción, distribución y difusión. Por ejemplo, intercambiar películas con otros festivales, y avanzar en la co-producción. Es un camino largo el que hay que recorrer y va a llevar su tiempo. Al respecto, ya empezamos a trabajar con el INCAA, entre otros organismos.

El festival es un emprendimiento del Instituto Multimedia DerHumALC. ¿Qué otras tareas realiza el Instituto?

Inicialmente, la organización del festival estuvo a cargo de la Fundación Sergio Karakachoff (presidida en aquel entonces por Federico Storani). Pero a partir de 1999, con la llegada al gobierno de la Alianza UCR-Frente Grande y la designación de Storani al frente del Ministerio del Interior, decidimos –de común acuerdo- desvincularnos de la Fundación y crear una nueva Asociación Civil que se denominó Instituto Multimedia DerHumALC.

Si bien la principal tarea del IMD es la realización del festival, estamos desarrollando paralelamente otras actividades como ciclos itinerantes, proyecciones de cine en las escuelas, etcétera. Estamos tratando también de darle forma a un proyecto de formación destinado a la capacitación de realizadores e integrantes de organizaciones sociales en el tema del cine y los Derechos Humanos. Pero no en Buenos Aires, sino en Santiago del Estero.

Aprovechando su larga experiencia en el tema, ¿cómo ve la situación actual de los Derechos Humanos en Argentina? ¿Cuáles son, a su criterio, los temas más preocupantes en esa materia?

Yo creo que el tema fundamental es el de la distribución de la riqueza. Es una deuda muy fuerte que el Estado tiene con la sociedad. Es cierto que ha habido una pequeña mejoría pero aún existe un porcentaje muy alto de argentinos que vive en condiciones de pobreza o indigencia y eso me parece el problema más grave en relación a los Derechos Humanos.

En segundo lugar la represión en las cárceles. Persisten todavía algunas formas de represión estatal y policial en esos ámbitos. Sigue habiendo víctimas inocentes de la violencia policial.

Los cineastas argentinos, ¿se hacen cargo de reflejar esos temas?

Algunos cineastas comprometidos hay. Casualmente Ana Cacopardo está trabajando en Ojos que no ven, un documental sobre las cárceles en la Provincia de Buenos Aires. Pero bueno, sí, a mí me gustaría que fueran más. Que existiera un mayor compromiso por parte de los cineastas con estos temas. Claro que es un tema difícil. De algún modo significa tomar posición política. Algunos pueden pensar que mostrar esas películas es tener una actitud contraria al gobierno. A nosotros nos tiene sin cuidado que se piense eso. Estamos denunciando una situación de violación de los derechos humanos y, desde el festival, lo menos que podemos hacer es mostrar esas películas. Nos gustaría tener capacidad para producirlas también.

¿Tuvieron en estos diez años algún problema por la exhibición del material que integró las muestras?

No, no hemos tenido jamás un problema. Nunca nadie nos hizo ningún tipo de condicionamiento al respecto. Será quizás porque saben que no lo aceptaríamos.

¿Cómo ve el futuro del festival?

Por un lado, esperamos poder ampliar el alcance del Festival a nivel nacional. Nos interesa que este tipo de cine se pueda ver no sólo en Capital Federal sino en todo el país. En ese sentido, no importa si es nuestro festival o son otros los que exhiban las películas, sino que de alguna manera éstas lleguen al interior.

Por otra parte, es necesario que el festival prenda cada vez más en la sociedad y que podamos profundizar la relación con la red. La Red de Cine Social y Derechos Humanos de América Latina y el Caribe nos puede ayudar a construir un perfil más definido. Lo que yo llamo la “identidad” del festival en el contexto mundial, debe ser producto de un intercambio dentro de la red. Hemos logrado un gran avance en ese sentido pero pienso que se puede lograr mucho más. En La Paz, por ejemplo, nuestro socio boliviano ha logrado crear una cinemateca de los Pueblos Originarios –obviamente con apoyo del gobierno-, cosa que no existe hasta ahora en nuestro país. Tendríamos que poner en marcha ese tipo de proyectos porque es una manera de contribuir en la formación de nuestros cineastas.

Esto recién está empezando. Tenemos por delante un panorama muy amplio sobre el cual avanzar, pero yo ya estoy cercano al retiro. Será una tarea para los que queden a cargo después de mi partida.©

Quiénes somos | Mapa de sitio | Publicidad

Prohibida la reproducción total o parcial del contenido de este sitio.
Cinecrópolis es propiedad de María Iribarren y Roberto Valle.
Optimizado 800 x 600. Buenos Aires, Argentina.