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por MARíA IRIBARREN
A días de inaugurarse la 7ª edición del Buenos Aires Festival Internacional de Cine Independiente, Fernando Martín Peña dialogó con Cinecrópolis. ¿Para qué sirve el BAFICI? Me parece que tiene una doble importancia. En términos muy generales es un espacio que, al público de Buenos Aires, le permite acceder a un cine de difusión improbable. Al mismo tiempo, sirve para el lanzamiento de una cantidad de películas argentinas llamadas "independientes". ¿Está en riesgo la "independencia" del festival? En principio, el evento se financia con dinero público: una mayor parte de la órbita de la Ciudad y otra, importante también, de la órbita nacional, a través del INCAA. Los sponsors privados son muy pocos. Ahora, hay una decisión política de permitir que, el director artístico, haga con la programación lo que le parezca. Desde este punto de vista, el festival siempre ha sido "independiente". Y hasta ahora, según mi breve experiencia, parece que es así. Evidentemente Quintín no piensa lo mismo. Entonces, una cosa es la independencia para programar y otra, muy distinta, es la responsabilidad política de que el festival sea razonablemente representativo. Entiendo que el BAFICI tiene que mantener un perfil complementario al del Festival de Mar del Plata, es decir, ofrecer lo que éste no ofrece, aunque haya una zona de superposición. Esto viene ocurriendo desde la designación de Miguel Pereira, porque el material que pide se acerca, cada vez más, a lo que toma Buenos Aires. Algunos directores pusieron en duda el destino del cine nacional bajo tu gestión. ¿Qué espacio tendrá? El único planteo directo que me llegó fue de gente que era del PCI. Sin embargo, tanto Andrés Di Tella como Ariel Rotter o Martín Rejtman, mantuvieron una actitud positiva. La preocupación que ellos tenían y que, en principio compartí porque fue genuina, era que el cambio brusco en la cabeza del festival, hiciera retraerse a alguno de los productores potenciales que se acercan al BAFICI buscando proyectos argentinos. Tanto en Rotterdam como en Berlín tratamos de que esas ayudas permanezcan. Alguna ya está y logramos remontar otras. Se va a presentar, por ejemplo, un fondo que sacó Berlín este año, el World Cinema Fund, del que Rotter fue el único ganador argentino. Vincenzo Bugno, uno de los gestores de ese fondo, lo viene a presentar. ¿Cuál es tu prioridad? Por supuesto uno desea que, a futuro, los cambios sean más prolijos. En este sentido, me parece que al festival le falta entidad institucional. Como sugirió la gente del PCI, hay que elegir un Consejo Honorario -que todo festival institucionalizado tiene-, un grupo de notables que esté asociado al festival para que, cuando la Secretaría de Cultura quiera tomar una decisión como la que tomó con Quintín, haya un interlocutor válido. O para evaluar si está bien o está mal lo que hace el director en relación al perfil del festival. En su momento, la Secretaría entendió que había motivos suficientes para separar al director del BAFICI y, a los únicos que consultó, fue a sus allegados directos o indirectos, y a la gente que trabaja en el festival. No hay, dentro de la estructura del mismo, una entidad que permita ese tipo de diálogo.
Por qué no se hizo antes no sé, tampoco sé si es posible. No estoy hablando siquiera de darle un domicilio propio al festival, ni de nada que suene complicado o caro. Es algo elemental y anterior a eso. El festival tiene una historia, tiene gente que ha estado relacionada con él: desde Lita Stantic a Pablo Trapero, Caetano, Rejtman, Di Tella. De hecho, fueron Di Tella y Rejtman los que me propusieron hacer un comité de quince personas que sean representativas. De ese modo las decisiones dejarían de ser o parecer arbitrarias. En otras entrevistas, dijiste que querías abrir el festival ideológicamente. ¿Qué significa eso? Me parece que, manteniendo el perfil, con el mismo tipo de películas, tiene que llegar a un público más amplio. ¿En qué afecta esto a la programación? Por ejemplo, en el famoso tema de compartir películas con Mar del Plata que, de hecho, hay críticos que ya me lo objetaron. Hay una muestra de cine de Asia Central que la estamos coproduciendo con Mar del Plata: ellos la traen y nosotros la devolvemos. De no ser así no se podría tener porque es carísima. Lo que imaginamos con Pereira es algo positivo porque potencia el público para esa muestra, el impacto cultural y el uso de recursos públicos. Esto es un aspecto ideológico vinculado, directamente, a que estamos haciendo un festival para que lo disfrute la mayor cantidad de gente posible. No porque una película se haya dado en algún lado, perdida, ya no se puede dar porque es pecado. Los dogmatismos de ese tipo me molestan. Ahora, si algunos críticos deciden hacer mierda el festival, porque una zona se repite con otra de Mar del Plata, la verdad es que no puedo hacer nada. Sí nos hemos puesto un límite. Dado que Buenos Aires viene después, el que elige qué se repite soy yo. Pero siempre en un plano de diálogo permanente que es el que, me parece, hay que tener en una coyuntura excepcional, como es tener pegados dos festivales de tamaño formidable. Además, en un país quebrado Creo que tiene que ver con eso. Éste no es un torneo de "a ver quién ve más películas raras". Hay que tratar de que toda una cultura cinematográfica que se ha empobrecido de manera descomunal, tenga un contrapeso a través de estos festivales. Hay que tratar de aprovechar los recursos que la política quiere disponer para eso. Por otro lado, hay una cosa mucho más pragmática y concreta que es bajar el precio de las entradas y tener, por lo menos, una o dos salas más para satisfacer al montón de gente que se queda afuera cada año. Eso también es abrir ideológicamente el festival. Si estamos administrando dineros públicos, hay que tratar de responder a esa demanda. Pensamos en una entrada general a cinco
pesos y negociamos -fue dificilísimo confrontar con la burocracia, pero Virginia
Petrozzino, productora del festival, lo logró- un descuento para estudiantes y jubilados,
a los que se les va a cobrar tres. ¿Habrá novedades en el diseño de las secciones? A partir de este año el festival no tiene una muestra competitiva tiene dos. La internacional y lo que, hasta ahora, se llamó "Lo nuevo de lo nuevo", que será la "competitiva argentina". La colaboración que, tradicionalmente, brindó el INCAA ampliando películas a último momento para que entren a la competencia, este año se traslada a "Lo nuevo de lo nuevo" y ese aporte lo sumamos al Fondo de Cultura que abrió el Gobierno de la Ciudad. Las tres películas que ganaron ese concurso van a la competitiva internacional, en representación de Argentina. Luego, la sección argentina se alimentará de las películas que no ganaron pero nos parecen buenas, más otras que aparecieron después, sin limitación de formato. En un país con toda clase de problemas económicos, la gente no llega con sus películas a 35mm y el festival debe intervenir para que lleguen. Por eso el premio es la ampliación a fílmico. El jurado de la sección argentina seguirá siendo internacional, como para que nadie diga que hay cuestiones de interés. En lo personal, ¿tenés algún anhelo respecto al BAFICI? Mi único anhelo es que no me maten. Me conformaría con que la séptima edición del festival no sea peor que las anteriores, o que sea tan buena como las anteriores. Depende de cómo quieran mirarlo.© |
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