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por ROBERTO VALLE
Para la mayoría de la gente, Fabio Zurita es el director del Festival de Cine de Temática Sexual. Sin embargo, detrás del nombre que desde hace siete años se asocia a uno de los eventos más controvertidos del circuito alternativo, se esconde un realizador ecléctico, autor de una obra por demás interesante que recorre un amplio espectro temático y formal que incluye piezas de teatro y un cómic. De la indagación de la locura a las conductas sexuales de una vecina, pasando por la violencia policial, la impostura del periodismo, el "fracaso" del Sandinismo o los hechos de La Tablada, el cine y la personalidad de Zurita representan una invitación a la pesquisa. ¿"Giran los humanos al Sol" (documental realizado en VHS, en el hospital psiquiátrico Dr. Domingo Cabred, en la ciudad de Open Door, durante 1990), fue tu primer trabajo audiovisual? No. Hice uno anterior, de ficción, a fines de los años ochenta, pero por suerte lo perdí. Me filmé a mí mismo en una pequeña historia en la que protagonizaba a una persona que esperaba a los invitados de su fiesta de cumpleaños, y nunca llegaban. Terminaba comiéndome la torta yo solo. ¿De dónde surgió la idea de filmar un documental en Open Door? Siempre iba al hospital y volvía, nunca me quedaba. Un día fui con una amiga y arreglamos quedarnos a dormir en el lugar. Ella, a último momento se arrepintió y decidió irse. "Yo me quedo", le dije. Quería levantarme temprano y ver cómo eran las primeras horas del día en ese lugar. Sentirme parte de la historia que estaba filmando. De hecho, la cámara se mezcló mucho entre la gente, como si fuera uno más del lugar. Filmé muchas cosas, pero con lo que me quedé fue con la parte de la poesía, de la gente que quiere hacer arte por su cuenta. No impulsados por los médicos, sino por su propia necesidad. Eso fue lo que más me atrapó de la historia. Queda medio anárquico el relato pero, amén de la desprolijidad, a mí me entretiene mucho. A la gente que la ve, le gusta. No a la gente de cine, sino a los médicos o al público común. ¿Cómo te iniciaste en el cine? Estudié animación en la Escuela de Cine de Avellaneda que, por ser una escuela municipal, me resultaba más económica que cualquiera de las escuelas privadas. En aquel momento, a pesar de no tener grandes equipamientos, la escuela era muy de vanguardia. Mi único trabajo de animación fue Olmpinzur. Viéndolo ahora, después de tanto tiempo, no me convence como antes. El nombre proviene de la conjunción de Olmedo, Pinchevsky y Zurita. En aquellos años me gustaba mucho Olmedo. Ahora vuelvo a ver sus trabajos y no me puedo reír para nada. Cuando empecé a hacer cine tenía el deseo de hacer algo relacionado con Olmedo, pero el tipo se murió antes de que pudiera entrevistarlo. Entonces me puse a buscar películas suyas y una vez, de pura casualidad, en la puerta de Aries vi un contenedor repleto de latas de películas de descarte. Revolviendo, encontré algunos rollos de los filmes de Olmedo. Me los llevé y empecé a trabajar, sobre el mismo celuloide, con una técnica de animación que consiste en rayar o pintar el dibujo directamente en la película, fotograma a fotograma. Después lo fui a ver a Pinchevsky, que en ese momento estaba viviendo en un trailer en Gonet. Llegué un día, a las ocho de la noche, y me invitó a quedarme a dormir allí con la promesa de que, al otro día por la mañana, íbamos a grabar la música para el corto. Y así fue. Después de eso, hiciste "Bicho raro" (1997) otra película de ficción donde se cuestiona, en clave de parodia, ciertos programas sensacionalistas de noticias... Sí, ahora que lo pienso, me doy cuenta de que varios de mis trabajos cuestionan al "periodismo independiente" o a la exageración que hay detrás de esa definición. Fui desarrollando distintas "obsesiones". Al principio el tema era "la policía", después fueron "las noticias" y ahora es "el sexo". La policía es un tema que ahora casi no me interesa. ¡Cada vez que digo esto pasa algo que me vuelve a enfrentar con la policía! Bueno, convengamos que en este país hay poco margen para pensar "bien" de la policía. En ningún país. En realidad ellos están hechos para eso. No sé cómo se prestan a participar en ese juego. Están para "ayudar" a los que más tienen. De todos modos, a veces me dan pena. No me gusta que los patoteen o que se los quiera linchar. Es decir, no me gusta lo que hace la policía pero tampoco me gusta lo que hacen "los otros" que, al final, se comportan como policías también. Uno de tus temas era la policía, el otro era el mundo de las noticias, del periodismo. ¿Cuál es "el" problema en torno a ese tema? Veo al periodismo como algo poco serio. Veo a los periodistas como gente muy poco seria. A todos, sin excepciones. El que amaga con ser serio, rápidamente se vuelve "mediático" y se convierte en una "figurita". Tarde o temprano, la figura le gana al periodista y empieza a hacer payasadas. Hay gente seria, pero son los que no podemos ver. Además, lo bueno no debería ser resaltado. Es lo malo lo que hay que señalar. Justamente, Cuando el periodismo escrive ezo... (sic), mi trabajo más reciente -que no apunta al cine, sino más bien a hacer un material para debate- es sobre "esa" prensa. Trata sobre la historia de un episodio que ocurrió en la zona oeste del Gran Buenos Aires después del 20 de diciembre del 2002. Alguien empezó a hacer correr la bola de que había patotas que estaban queriendo copar sectores de la política en la zona oeste. Conociendo a la gente que acusaban, decidí ir a consultarles sobre las razones de esa actitud y ellos me aseguraron que nunca habían estado en esos lugares. La noticia había salido en todos los medios nacionales así que, en principio, yo no les creía. Les dije: "voy a hacer una investigación y si ustedes salen mal parados, se joden". Basé mi trabajo en la investigación que había hecho Miguel Bonasso y que había sido publicada el 10 de marzo de 2002 en el diario Página/12. En síntesis, lo que descubrí es que la "investigación" de Bonasso era muy endeble, prácticamente sin pruebas concretas, y que el resto de los periodistas que se habían hecho eco de esa denuncia, tampoco la habían corroborado como correspondía. ¿Pensás que el cine sirve para contrarrestar el trabajo de los medios de comunicación? Y... es como tirarles piedras a un ejército. Sirve como herramienta de contrainformación, el problema son los espacios de difusión que tienen uno y otro mensaje. Por ejemplo, yo no logro encontrar lugares para exhibir y debatir este corto sobre el periodismo. No hay periodistas que se atrevan a participar de ese debate porque, según lo que ellos mismos me dicen, "no les conviene" hacerlo. Ahí funciona nuevamente la idea corporativa del periodismo. Nadie quiere pagar el precio de la verdad. A mí se me fueron cerrando puertas que tenía abiertas en Morón a partir de mi investigación sobre aquellos hechos del 2002. Es que el que pone la plata, obviamente, no quiere que lo critiquen. Ojo que no hablo sólo de un sector del espectro político. La libertad no tiene "derechas" o "izquierdas". Es libertad y punto. Prefiero la educación y la libre elección de la gente, no la censura. El verdadero desarrollo humano sólo puede venir de la mano de la más completa libertad.
¿Por qué dedicarse a un festival de cine de temática sexual en lugar de hacer uno sobre, por ejemplo, cine político? Fue una especie de provocación. En un punto, el festival tiene mucho de político, aunque algunos no lo quieran reconocer. El sexo, como tema, es molesto. Si no es una película será la otra pero seguro que alguna te va a hacer ruido en algún lado. Y no necesariamente en un lugar racional. Esas cosas incomodan, incluso a los más "progresistas". Es por eso que seguí adelante con el festival año tras año. Si molesta quiere decir que hay que hacerlo. De todos modos, en este tiempo algunas cosas cambiaron. Al principio, el festival era considerado por los otros como un festival de cine porno. Algo que sólo servía para entretenerse, divertirse o calentarse un poco. Nos costó conseguir espacios para exhibir estas películas. Ahora, en cambio, la muestra tiene un reconocimiento, nos acercan ofertas de lugares para llevarla, aquí y en el interior. ¿A qué pensás que se debe el cambio? Creo que a la gente nunca hay que subestimarla. Fijate lo que sucede ahora con el programa de Tinelli. Es asombroso que tipas muy moralistas se sientan a ver "el show del caño". Seguramente, esas mismas minas no entrarían jamás a un local para ver uno de estos shows, sin embargo lo miran por TV, a pesar de que todo es muy berreta. ¿Será que a la gente le resulta más fácil acercarse al sexo mediatizado, ya sea por la televisión o por el cine? Con el cine el acercamiento es más de culto. Con la televisión uno se distrae mucho. En el cine uno tiene que sentarse y absorber. Hay un compromiso y por eso el impacto es más fuerte. Con el cine la transformación del espectador es posible. Y, en ese sentido, pesan mucho más diez personas transformadas que un millón de blandas mirando la televisión. El cine es muy jodido y, en un festival, lo que hay no son veinte películas sino veinte cabezas que piensan distinto y que inevitablemente van a confrontar ideas. ¿Cómo descubriste que el sexo podía ser un tema de interés para los espectadores? Todo empezó con un encuentro casual con una vecina en el gimnasio. Romina -mi vecina-, tras un bajón de fin de año, me empezó a contar su vida, sobre todo sus experiencias de "amor libre". A mí las historias me parecieron interesantes entonces le propuse filmar una entrevista. Después, ella me contó que también había filmado, a escondidas, algunos de sus encuentros sexuales. Lo cierto es que poco a poco la idea de registrar su historia fue tomando forma, incluso ella misma consiguió que algunos de sus amantes ocasionales testimoniaran frente a la cámara. Romina terminó siendo una especie de levantadora del ánimo y la autoestima de los tipos con los que se acostaba. Una especie de "santa". Así nació Los zapatitos de Romina, el corto documental que dio origen al festival. ¿De tu encuentro con Romina saltaste a la realización del festival? No, en el medio me fui a Nicaragua, a buscar respuestas a los "porqué" que tenía sobre la revolución en ese país. Antes había estado recopilando testimonios y material para un documental sobre los hechos de La Tablada. Tenía muchas imágenes, pero sufrí un robo y luego un incendio en mi casa, lo cual me golpeó fuerte. En lugar de achicarme, aposté el doble y me fui para Nicaragua. Allí entrevisté, entre otros, a Tomás Borge. La experiencia fue muy intensa, muy reveladora. Conocí de cerca la más extrema pobreza y a mucha gente humilde que había participado en la guerrilla pero, a mi regreso, en una parada en Costa Rica, tuve la desgracia de sufrir el robo de la cámara. Lloré como un condenado porque sabía que no iba a poder tener una cámara durante mucho tiempo. Cuando regresé de ese viaje, sin la cámara, me tuve que dedicar al teatro durante un buen tiempo. Pedí prestado un equipo a un amigo con el que, incluso, grabé cosas muy interesantes, entre ellas una reunión antológica de Osvaldo Bayer y un grupo de anarquistas, pero al final la cámara no anduvo y perdí el registro de eso. Harto de tanta mala racha, me puse a armar con todo el material recogido, el corto sobre Romina. Cuando lo terminé, lo mandé al festival de Villa Gessell, sin esperanza de que lo pasaran. La cosa es que cuando fui a retirar el video me enteré de que las proyecciones del corto habían sido un éxito. La gente "zapateaba" pidiendo más Romina. Eso me animó a pensar en una muestra con este tipo de películas. Así nació el festival. ¿Qué clase de público tiene el festival? Siempre tuvo más mujeres que hombres. Y en la primera edición, que se hizo en Morón, la mayoría era gente de Capital Federal. A esta altura, digamos que el festival ya tiene un público "fiel", que nos sigue año tras año y otros que lo van descubriendo en cada nueva edición. Por otro lado, ahora hay muchos más directores que se animan a filmar cosas relacionadas con el tema de la sexualidad, incluso varios que filman especialmente para el festival. También noto que hubo una mayor apertura al tema en otros festivales, como en el caso de Villa Gessell o Escobar. Allí incluso ganó una película cordobesa relacionada con el tema de la homosexualidad. En el Bafici se presentó Puto, de Pablo Oliverio, quien ya había mostrado sus primeros cortos en nuestro festival. En ese sentido lo que me alegra es que la muestra no se haya convertido en un medio que contribuya a la exclusión o automarginación de las películas que abordan esta temática, sino por el contrario, un facilitador para la inclusión de ese cine en otros espacios. ¿Cómo ves el futuro del festival? Si fuera por mí, dejaría de hacerlo. De hecho yo no lo iba a hacer este año pero hubo gente que insistió para que siguiera. Estoy empezando a sentirme prisionero del sistema. Me parece que es hora de que el festival desaparezca. Ya hay mucha gente que hace ese tipo de películas. Van a saber cómo arreglárselas para encontrar espacios de difusión. El sexo siempre va a encontrar "una salida" porque es la vida misma. ¿Y tu futuro? Tengo una propuesta para enseñar teatro y montar una obra en La Rioja, a partir de julio. Es un contacto que hice hace un tiempo, mientras filmaba un documental. Se trata de un ex ayudante de Angelelli que actualmente trabaja con organizaciones campesinas y que me convocó para ir a trabajar allí junto a otra gente. Yo acepté, siempre y cuando pueda vivir haciendo lo que me gusta y sin perder mi libertad. Me gusta hacer las cosas que siento ganas de hacer y muchas veces me muevo sólo por intuición. ¿Cuánto vale para vos esa libertad? Todo. Dejé muchas cosas de lado en mi vida para no perder esa libertad. Incluso algunos amores.© |
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