Noviembre 2005

 

 

 

 

 

 

 

 

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por MARíA IRIBARREN

fotos: Damián Cukierkorn

 

Qué tienen en común Ciudad Abierta (de Buenos Aires, Argentina) y Televisión Serrana (de Sierra Maestra, Cuba)? ¿Qué puente une a estos dos modelos de televisión con el cine?
Por empezar, los dos son canales públicos no gubernamentales, cuyo concepto se apoya en la construcción de sentido mediante la exploración de estéticas y formatos concebidos con criterio, y por realizadores, cinematográficos.
A partir de ahí, por esas pantallas circulan historias minúsculas y laterales, paisajes en crudo, protagonistas sin maquillaje. Imágenes que, por definición, la televisión elude y cuyo verosímil se funda, nada menos que, en la intensidad de un discurso que rechaza la inmediatez y se propone como acontecimiento.
Reunidos en exclusiva por Cinecrópolis, Alejandro Montalbán y Daniel Diez explican cómo y para qué se cargaron al hombro estos proyectos.
¿Por qué decidieron acudir al cine para hacer televisión?
Alejandro Montalbán - Cuando empezamos con Ciudad Abierta, convocamos a mucha gente del cine, corriendo algún riesgo, quizás, porque la televisión exige un nivel de producción más industrial, dado que no podés estar tres días con una toma. A la vez, la gente de la televisión o "la televisión" que yo llamaría de mercado, generalmente, no parece muy preocupada por las cuestiones de estética de la imagen. Entonces, buscamos que además de lo que se dijera en cada programa, hubiera algo del orden de lo estético interesante y que aportara algo. La televisión argentina, salvo excepciones, uno la puede mirar casi de espaldas porque lo único que importa es lo que se dice.
Daniel Diez - La madre o el padre es el cine: hay más de cien años de cine. La televisión empezó ahorita mismo, a mediados de los años 50. Estuve hace poco en Venezuela y allá hay unos muchachos que hablan de repensar la televisión y el cine. Una forma de hacerlo es tomar esencias de la cinematografía y volcarlas en la televisión. Allí está la posibilidad de encontrar un lenguaje. Pero no hay que confundir. Cuando uno hace cine, lo hace para ser visto en un lugar oscuro, cerrado, en una pantalla grande. En cambio, cuando trabajas para televisión trabajas para una pantalla que va a estar en tu casa, de la cual tú te sientes dueño porque es parte de tu familia. Entonces, tienes que hacer programas que sean agradables, entretenidos.
A.M. - Estoy de acuerdo, la televisión es otra situación de recepción. Uno mira repartiendo su atención entre varias actividades. La situación de sentarse a ver televisión es la más rara. El cine tiene como objetivo conmovernos, básicamente. La televisión no debería tener el objetivo de conmocionarnos porque es muy poco probable que eso ocurra en el medio de la vida del hogar. Son dos experiencias distintas.
D.D. - Fíjate que hay gente que separa el cine de pensamiento, del cine de entretenimiento. Yo creo que puedes hacer un cine o una televisión de entretenimiento, de calidad, y que sean profundos.
A.M. - Es que el cine contiene, en su historia, la historia de las estéticas, de las formas de narrar. Es una cantera de la que la televisión ha tomado cosas pero de manera muy pobre. Creo que la renovación de la televisión tiene que ver con asumir el patrimonio que hay en el cine, revisarlo, ver qué sirve y ponerlo a funcionar.
¿Cuál es la diferencia material, en términos de producción y resultados, entre el cine y la televisión, tomando en cuenta que se trata de un medio masivo?
D.D. - La televisión trabaja con todas las artes, incluyendo el cine. Es mucho más abarcadora y la confusión está en creer que, por ser tan abarcadora, hay que bajar el nivel de la propuesta estética. Se aceleran los tiempos y se pierde lo más elemental de la creación que es expresar sentimientos a través de la imagen y el sonido.
A.M. - El punto de vista único de la tele me remite a algo que dijo hace poco Toto Schmucler, alrededor del lugar que la televisión ha alcanzado en nuestras sociedades. La tele nos muestra una catástrofe, por ejemplo, deshistorizada, descontextualizada y se pretende que uno al verla ya sepa. Esto me parece peligroso, cuando la experiencia del saber y del pensar, en la historia de Occidente, siempre fue mucho más compleja. Hoy la tele aparece proponiéndonos que en la imagen ya está todo, que la imagen se explica a sí misma, explica su propia historia. En ese sentido, pienso que poner cierta filosofía del cine, a trabajar en la televisión, podría servir para poner en crisis la idea de imagen como saber.
Esta decisión, ¿no afecta el carácter del espectador?
D.D. - Ahí hay una diferencia que no se puede obviar. Cuando usted hace una película decide qué edad límite pueden tener las personas que van al cine. Cuando pone eso en la televisión lo mismo lo puede ver un joven, un niño o un anciano. Entonces, el problema es que hay que luchar contra los criterios obsoletos de los que tienen la televisión en sus manos, pero también contra un público que está acostumbrado a cierta banalidad de la imagen y el sonido.
¿Eso quiere decir que la televisión que proponen demanda un espectador diferente?
D.D. - Durante la experiencia de la Televisión Serrana, para poder desarrollar un buen trabajo con esa comunidad, tuvimos que crear un ambiente cultural: muestras de pintura, actividades para niños. Fuimos elevando el nivel de apreciación estética de la población. Si tú no le entregas elementos para poder decodificar una televisión diferente no tiene sentido que la hagas. Tu televisión no se puede dar el lujo de decir todo de una sola vez y que la gente no lo entienda. Tienes que ir formando a ese público para que la mayor cantidad de personas pueda entender que haces una elipsis o usas una metáfora.
Lo que estás planteando es una televisión que, antes que un medio de comunicación, sea un vehículo de intervención cultural.
A.M. - En ese sentido, hay algo además que, no sé si alcanza para hacer una buena televisión pero, si no partimos desde ahí vamos mal, que es el respeto en el modo de acercamiento a las historias y las diferencias. Lo que estamos diciendo es: acá hay historias de personas que tienen interés televisivo. La garantía de verdad es el entrevistado. De hecho, se trata de televisiones sin estrellas, sin espectacularización. Es como una primera mirada crítica hacia lo que es la televisión espectáculo. La televisión cuando se acerca a la gente común, lo hace buscando el estereotipo del marginal, del drogadicto, buscando promediar -"el porteño medio", "la gente"-. En Ciudad Abierta decimos que buscamos la locura que hay en cada uno de nosotros, no la homogenización de las diferencias. Buscamos que esas diferencias aparezcan. Esto me parece que es un primer lugar ético desde donde pararse que siento común entre ambas televisiones.
En los dos casos trabajan con el cortometraje que, al espectador convencional, le impone otra lógica de lectura. ¿Por qué?
A.M. - Es parte de una decisión. Tiene que ver con el ritmo de uso de la televisión de hoy, con el pulso de la ciudad, con lo efímero. Por otro lado, tiene que ver con una estética de la pobreza y con los recursos con los que contamos. Trabajamos con unidades de sentido lo más cortas posibles pero no es un canon a respetar siempre. Cuando queremos hacer hablar a los intelectuales que es una manera de reponer la voz del intelectual en la televisión, un pensamiento profundo y complejo, les damos una hora entera para que hablen sin cortes.
El corto nos sirve para que la gente se quede a ver nuestro canal y ofrecerle, rápidamente, un cierre de algo y el comienzo de otra cosa. En general, buscamos eso aunque somos muy flexibles.
D.D. - El cortometraje tiene que ver con la dramaturgia. Cuando tú programas la parrilla de un canal, tienes que tener una historia de arriba abajo, el día entero. Tienes que hacer la dramaturgia de esa parrilla de manera que te vayan funcionando los elementos que a ti te interesan para tener agarrado al público. A dónde yo quiero que el espectador vaya, que sueñe, que vuele. El ideal de la programación es que tú logres ir contando cada una de esas historias de manera que puedan llegar a ser una gran historia. Hay que pensar mucho en el espectador...
Entonces, también en términos de masividad.
D.D. - La formación que ha recibido la gente de Televisión Serrana, fundamentalmente, es una formación de cine con una fuerte influencia de quien fue mi maestro, Santiago Álvarez. Cuando los formo, lo hago ligado al trabajo comunitario pero con una concepción de puesta en pantalla que no tiene que ver con la televisión. Me parece que hay que utilizar la estética del cine pero sabiendo que se está trabajando para la televisión, de modo de no traicionar su esencia que son los grandes públicos.
Tratándose de canales públicos, ¿alguno de los dos sufrió censura gubernamental?
D.D. - La guía para entender esto en Cuba, la dio la reunión de intelectuales de 1961 que declaró "Dentro de la Revolución todo, contra la Revolución nada". Hay una libertad de expresión para decir las cosas que están mal hechas. Para lo que hay censura o para lo que no queremos que haya libertad es para decir que los yanquis tienen la razón de estar en Irak. No hay posibilidad de decir qué bueno que los niños estén en la calle muriéndose de hambre. Sí queremos que la gente diga los problemas que tiene. Lo que no puede haber es un juego con la ideología del enemigo. No puede ser que tú vengas a decirme mira qué bueno el movimiento que hicieron los Estados Unidos en New Orleans cuando es evidente que los que se están muriendo son los pobres y los negros.
A.M. - En nuestro caso, estamos viviendo algo bastante inédito en cuanto a medios públicos y creo que se nota en el producto. Yo no le podría decir a Lucrecia Martel, a Pablo Reyero, a Raúl Perrone, a Gustavo Postiglione, a toda la gente que trabaja con nosotros, esto que pusieron acá no le gustó al Jefe de Gobierno. Tenemos una libertad muy grande creo que porque Aníbal Ibarra tiene conciencia o tiene una posición alrededor de los medios públicos que también se ve en la radio de la Ciudad. La fuerza que nos permite agrandar y convocar nueva gente es que es un canal pluralista y tiene una marca muy democrática que fue la que trajimos al llegar y fue alentada por el gobierno. En ese sentido, no tengo ninguna crítica. Al contrario, a veces, me da susto.©

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