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por ROBERTO VALLE Sobrina lejana del prestigioso pintor italiano Juan Del Prete, Daniela se interesó por el dibujo desde muy chica. Durante la infancia y la adolescencia pasó noches enteras dibujando. Entonces, hizo algunos cursos de dibujo “en el barrio” hasta que, una vez finalizados sus estudios secundarios, se anotó en la carrera de Diseño de Imagen y Sonido de la UBA porque “entre las materias de la carrera estaba la de cine de animación”. Pero, ni bien empezó a cursar, el cine le “partió la cabeza”. Tanto que comenzó a desarrollar una particular atracción por el montaje. Antes de concluir sus estudios cinematográficos, consiguió trabajo como entintadora en la película animada Dibu 2, la venganza de Nasty. Sin embargo, cuanto más avanzaba en el aprendizaje del cine, menos interés prestaba a la animación o al menos a esa tarea rutinaria que caracteriza a las grandes producciones de películas animadas, en las que los dibujantes de tablero son –en palabras de la directora- “simples monitos que dibujan y nada más”. Para Daniela el dibujo sólo puede volverse una tarea atractiva “si uno lo hace propio. Si lo haces para otros, se pierde el interés”. ¿Cómo surgió la idea original de Imaginadores? Fue un poco por casualidad. Hace mucho que vengo intentando poner en marcha infinidad de proyectos relacionados con el cine o la televisión. De hecho, mi mayor deseo era arrancar filmando una ficción. Pero es muy difícil hacer ficción en este país, y más aún si se trata de una opera prima. En medio de esa búsqueda de oportunidades, surgió la idea de hacer un video cortito con entrevistas a algunos autores para acompañar una muestra de dibujos en homenaje a la historieta, que Julio Nicolás Azamor (Director de Animación de Imaginadores) presentó en 2006 en la galería Crimson. A partir de esa experiencia, nos pareció que la idea daba para mucho más y así fue como empezamos a investigar más a fondo y a trabajar en lo que terminó siendo este documental. ¿Desde un principio pensaste en hacer un documental o en algún momento se te cruzó la idea de que podía ser una ficción? Siempre lo pensé como un documental. Lo que sí quería hacer era incluir una parte de ficción bajo la forma de la animación. Hubiéramos querido poner mucha más animación pero no nos dio el cuero. Entonces, las partes testimoniales y las de animación, ¿se pueden pensar como dos formas autónomas de relato que conviven dentro de la película? Sí. Digamos que, mientras los testimonios de los autores van trazando un recorrido “histórico” que da cuenta de las distintas etapas o períodos que atravesó la historieta argentina, desde sus años dorados hasta el presente, los fragmentos animados –que tienen al Sr. López como protagonista- proponen otro recorrido, que también atraviesa diferentes “momentos” de la historieta en la figura de varios personajes emblemáticos, pero que, muy sutilmente, contiene mi punto de vista personal sobre “la historia” de la historieta. Básicamente lo que yo pienso es que hubo una “época de oro”, en la que todos podían vivir de ese trabajo. Poco a poco eso se fue desvaneciendo y ahora, si bien está de nuevo en la calle una publicación importante como Fierro, lo cierto es que la realidad es la que “cuenta” López en la película: la historieta como industria está desapareciendo. Muchos no lo quieren ver pero, hoy por hoy en la Argentina, no se puede vivir de ese trabajo. En este sentido yo creo que a algunos no le va a gustar ese costado de la película.
A juzgar por los testimonios que componen el documental, parece haber cierto consenso en torno a lo que podríamos denominar “la historia oficial” de la historieta nacional. ¿La anuencia es objetiva o un efecto del montaje buscado por vos? La verdad es que, en general, todos coincidían en sus opiniones sobre el desarrollo general de la historia. La única “discusión” que quedó afuera de la película es la que expresó Villagran en relación a sus discrepancias con la posición ideológica de Oesterheld. Me pareció que no correspondía, en este caso, meterse con esos temas. En realidad, el objetivo central del documental era contar el desarrollo histórico de nuestra historieta. No me interesaba profundizar en conflictos ajenos a ese tema y, además, no había tiempo para digresiones. Sin embargo, ¿no te parece que es imposible separar la evolución de la historieta argentina de la de otras cuestiones como la política, la cultura o los cambios en la sociedad? Estoy de acuerdo, pero creo que si uno se toma el trabajo de hacer una lectura “entre líneas” de los testimonios, se pueden ver reflejados los cambios socio-políticos que sufrió el país en las últimas décadas, en la opinión de los entrevistados. ¿Reflexionaste en algún momento sobre la relación entre el cine, la animación y la historieta en términos de lenguajes? Sí, lo pensé, antes y durante el proceso de creación de la película. Creo que son tres formas distintas de expresión que sirven para contar historias. Sin embargo, en algún punto se relacionan. Uno hace, por ejemplo, un storyboard para una película y, de algún modo, está utilizando recursos de la historieta. Por otra parte, me parece que en la historieta hay una impronta artística –que es la que le da cada dibujante a su trabajo- mucho más notoria que en el cine o en la animación. De cualquier manera creo que no hay forma de “comparar” estas tres artes. La historieta tiene su propio lenguaje. Eso es algo que aprendí al hacer la película. Antes yo tenía una concepción equivocada y tuve que rectificarla a partir de los testimonios de los artistas. Por eso terminé eligiendo para el filme una estética similar a la de la historieta, respetando incluso las “texturas” de sus materiales. Algo similar a lo que hicieron Shari Springer Berman y Robert Pulcini en American Splendor. ¿Tu próxima película también será un documental testimonial? No soy muy amante de los documentales testimoniales. Tengo un problema con ese formato. La voz en off, por ejemplo, es algo que detesto. En el caso de Imaginadores, la propia naturaleza del relato me impuso la clase de documental que tenía que ejecutar. Me pareció que era la manera más honesta de contar lo que quería contar. Para la próxima me gustaría rodar una ficción. El trabajo con actores va a ser para mí todo un desafío. La animación también me gusta, pero el problema en nuestro país es encontrar buenos guiones dentro de ese tipo de cine. Por lo general son muy malos y quienes están detrás de los grandes proyectos maltratan mucho a sus propias películas.© |
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