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Un
realizador filma ensayos. Un ensayista realiza películas. Aunque algunas de sus películas tuvieron estreno comercial, la singularidad estética y conceptual de esas obras (muy distintas entre sí) cautiva a programadores de festivales y salas alternativas. Es que Gustavo Postiglione y Rafael Filippelli hacen películas que, fuera del placer contemplativo que sean capaces de provocar, entrañan un desafío a la convención. El hecho de que Postiglione y Filippelli posean una experiencia generacional diferente, no es dato suficiente (aunque sí infame y engañoso) para definir la novedad o el agotamiento de sus propuestas. De muchas maneras, sus filmes dialogan entre sí y hacen explícita la voluntad de conjeturar en torno a la cultura nacional, los modos de producción y circulación de sus invenciones. En todo caso, lo novedoso es que, esos filmes discuten con una tradición artística y cultural, ya sea para objetarla o para tributar sus auspicios más audaces. Debatir acerca del porvenir cinematográfico, es un poco eso: interpelar el servicio de la hegemonía, poner bajo sospecha la unanimidad, convertir el deseo en acción política. Durante este mes, la tercera edición del Festival de la Feisal (Federación de Escuelas de Imagen y Sonido de Iberoamérica), exhibirá ciento cincuenta y dos cortometrajes que representan a miles de estudiantes de la región. Será una ocasión invalorable para examinar el cine que vendrá. También para dirimir en qué medida la "nueva" generación de cineastas se acomoda al estado actual del arte y la cultura o, por el contrario, se prepara para improvisar un desenlace histórico menos tranquilizador.©
María Iribarren y Roberto Valle |
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