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“El comandante se jubiló, la Molotov es un florero en mi ventana. Y la ventana nos obliga a mirar y la mirada nos obliga a pensar y el pensamiento nos obliga a preguntar, y la pregunta no se puede contestar”. Acho Estol (La Chicana)
En efecto, hay preguntas que no tienen respuesta. Por ejemplo, ¿por qué nevó en Buenos Aires el año en que se cumplen cincuenta de la publicación de El Eternauta? Por el contrario, hay tantos otros interrogantes que sí tienen respuesta aunque mejor hacerse el desentendido. Por ejemplo, ¿por qué nevó en Buenos Aires, una ciudad subtropical, en la que no es previsible que eso ocurra, salvo por el hecho de que el capitalismo hizo colapsar el planeta y los suburbios cósmicos..? Hace poco, Diego Battle (Otroscines.com) y Ezequiel Schmoller (El Amante) cruzaron fuegos tibios, respecto del rol jugado por la crítica en torno al “Nuevo Cine Argentino” y el rol que, diez u once años después, juega la crítica de hoy. Ambos construyen un sistema verbal curiosísimo y poco frecuente en los textos críticos: Battle “siente que la nueva camada de críticos” no sé qué... Schmoller lee a Battle y “se queda con la sensación de que esta generación de críticos” no sé cuánto... ¿Es que ninguno de los dos piensa, conjetura, considera, en el peor de los casos, opina? ¿Desde cuándo la crítica conforma una práctica atada a los sentimientos? No nos vamos demasiado lejos si echamos mano a Gilles Deleuze que nos observa desde la biblioteca. Cualquiera de sus libros sirve para ilustrar el caso y atender la misma preciosa instrucción: pensar significa pensar de otro modo. O sea, no vale la pena pensar para confirmar, homologar, convalidar o constatar. Habría que pensar para, por lo menos, crear el mundo por primera vez. Es un hecho que los críticos, tal como se manifiestan en diarios y revistas (aun cuando hablan de sí mismos), “sienten” más de lo que piensan. Acaso por eso, sus enunciados no contienen la performatividad necesaria para devenir acontecimiento. En este sentido, resulta difícil asociar la transformación formal, conceptual y financiera del cine argentino, durante la última década, a las acciones escriturarias del periodismo. ¿De qué modo esos textos (artículos, algún que otro libro, reseñas semanales) podrían haber afectado la realización? Una manera de asomar de ese atolladero es hacer/se preguntas, pero no con el propósito de encontrar respuestas. Sencillamente, con el ánimo de ver qué provocan si es que provocan algún efecto. Eso es: preguntas/provocaciones, desterritorializaciones masivas que perforen la cartografía de la trascendencia… Algo semejante a un deseo de orden, debe ocultarse en la idea de “ser crítico” cuando se deja correr sobre el nombre el atributo esencialista del verbo. Comprendemos las “esencias” como totalizaciones que enajenan el trabajo intelectual, sometiéndolo al credo y la disciplina. Preferimos, reducir nuestros intentos, a la labor crítica y desplazar el peso de la identidad a otro lado. Mientras tanto, miramos la molotov en la ventana...©
María Iribarren y Roberto Valle |
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