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Uno de los sistemas críticos más lúcido en torno al Modernismo y la postmodernidad, es el que propone el investigador alemán -filósofo, filológo y maestro de historia del arte y literatura- Andreas Huyssen. Describiendo una figura de tres patas, Huyssen revisa la práctica de la vanguardia histórica, las teorías que analizaron esa experiencia, y su influencia en la configuración de las hostilidades que, tras la guerra del '39, comparecen el arte y la cultura de masas. En un pasaje de su libro Después de la gran división, Huyssen señala que "la industria cultural capitalista produce inevitablemente un mínimo de arte y un máximo de basura y kitsch. En consecuencia, la tarea es modificar la propia industria cultural". ¿Cómo cumplir semejante propósito? Acaso no sea irrealizable si, en tanto que espectadores, nos asumimos protagonistas de esa industria antes que destinatarios pasivos de sus engendros. Ésa es, de alguna manera, la clave programática del circuito alternativo: quebrantar la indolencia de una mirada que se dejó domesticar. En este aspecto, los institutos
extranjeros con sede en Buenos Aires, juegan un papel invalorable al facilitar la
circulación del cine proveniente de sus respectivos países y, sobre todo, al propiciar
la resignificación de los lazos históricos entre tradiciones estéticas y culturales
diversas.
María Iribarren y Roberto Valle |
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