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por ROBERTO VALLE
Impulsado por el renacimiento que significó la "Retomada" (con ese nombre se conoce el boom cinematográfico ocurrido en Brasil durante la segunda mitad de los '90, luego de sortear una profunda crisis político-económica que afectó la producción de películas) el cine brasileño, del 2000 a esta parte, se encuentra inmerso en un franco proceso de crecimiento y consolidación. Basta decir que en el período 2001-2004 se produjeron, en promedio, más de treinta y cinco largometrajes por año (además de ciento cincuenta cortos) y comparar esa cifra con la de 1992 (año en que se exhibieron únicamente dos películas nacionales en todo el país), para comprender la dimensión de dicha "recuperación". Mientras que en 1995 sólo habían pasado por la cartelera comercial doce nuevas películas brasileñas, frente a los más de doscientos veinte estrenos extranjeros, en 2003 los de producción nacional sumaron casi treinta y los "otros", doscientos. Ese año, además, el cine brasileño obtuvo un 21,4% del market share, que cayó diez puntos al año siguiente. En la actualidad, Brasil tiene en producción, aproximadamente, ochenta largometrajes y casi trescientos cortos. Las autoridades del sector se han propuesto alcanzar, a partir del 2006, una ambiciosa tasa de producción y exhibición de cien largometrajes por año. Un 50% más de lo que, se estima, se estrenará durante el 2005.
Crecer afuera
Desde el 2001, el crecimiento interno comenzó a tener su correlato en los mercados extranjeros. Tras la creación de la Agencia Nacional de Cine (ANCINE) -órgano oficial autónomo de fomento, regulación y fiscalización de la industria cinematográfica brasileña- y, un año antes, de la Brazilian Cinema Promotion -institución civil sin fines de lucro encargada de promover el cine brasileño fuera del país-, Brasil inició una ardua tarea de difusión de su cine en todo el mundo. Así fue como, tras largos años de ausencia, sus películas volvieron a verse en las principales capitales, incluyendo la ciudad de Buenos Aires. Si bien, apenas una pequeña parte de los filmes brasileños llegan a nuestro país (poco más del 20%), cabe decir que, a diferencia de lo que sucede con otras cinematografías internacionales, la proporción entre lo que se puede ver en el circuito comercial (cine y video) y en el alternativo (festivales y ciclos) es bastante pareja. Por ejemplo, en 2001 mientras que en la cartelera comercial se presentaron dos únicos estrenos (Yo, tú, ellos, de Andrucha Waddington y Luna de octubre, de Henrique de Freitas Lima), en el III BAFICI, en cambio, se hicieron visibles siete nuevas películas (tales como El llamado de Dios, de José Joffily o Babilonia 2000, de Eduardo Coutinho), que hasta el día de hoy permanecen "inéditas". Para el 2004, esta relación se invirtió: en la sexta edición del Festival de Buenos Aires sólo se vio una película sin estrenar (O prisioneiro da grade de ferro (auto-retratos), el magnífico documental de Paulo Sacramento realizado en colaboración con los presos de Carandirú), al tiempo que en las salas comerciales se exhibieron seis filmes brasileños (varios de ellos producidos en 2002, como Durval Discos, Madame Satã o Separaciones). La afluencia de estas películas en la cartelera porteña no es producto del azar o la simple buena voluntad de los distribuidores/exhibidores locales. El "milagro" se debe al acuerdo de codistribución cinematográfica de largometrajes brasileños en la Argentina y argentinos en Brasil, que el INCAA y ANCINE firmaron en Brasilia en agosto de 2003. De las películas comprendidas en dicho acuerdo, aún quedan por estrenarse los siguientes títulos: Casamiento de Louisse, de Betse de Paula, Cristina quer casar, de Luis Villaça y Deus e brasileiro, de Carlos Dieguez.
Trabajo de hormiga
Si bien el Ministerio de Relaciones Exteriores del Brasil, a través de su Departamento Cultural, es el principal organismo estatal encargado de promover el cine de dicho país en el mundo, lo cierto es que en la Argentina (y, específicamente, en Buenos Aires) la difusión de esa cinematografía -sobre todo de aquellos filmes que, por una u otra razón, no tienen cabida dentro del circuito comercial- está a cargo de la Fundación Centro de Estudos Brasileiros (FUNCEB), entidad vinculada a la Embajada del Brasil en Buenos Aires (ver recuadro aparte). La FUNCEB (inaugurada en 1954 por el Ministerio de Relaciones Exteriores como Centro de Estudios y convertida en Fundación a partir de 1996), y en particular su Coordinadora general, Paola Fonseca, viene realizando desde hace ocho años, una encomiable tarea en pos de la divulgación del cine de Brasil de todos los tiempos: desde las primeras cintas mudas hasta la vanguardia contemporánea, tanto sea en largo como en cortometraje, animación, ficción o documental e, incluso, experiencias de videoarte.
Así estamos
A un lado los acuerdos bilaterales de codistribución y la tarea de los organismos privados y oficiales de promoción, lo cierto es que el 2005 ya ha superado el primer semestre y, como saldo, quedó una paupérrima presencia del cine brasileño en el circuito comercial: Amarelo Manga, de Cláudio Assis fue el único estreno, acompañado por dos lanzamientos "directo a video" (Eliana en el secreto de los delfines y Mi tío mató a un tipo). Mejor suerte ha tenido la cinematografía de ese país en el circuito alternativo. Por el VII BAFICI pasaron cuatro películas y FUNCEB, además de las muestras de cortos y cine clásico que ya lleva realizadas, acaba de regalar a los cinéfilos, el mes pasado, una verdadera perlita: Terra Estrangeira (1995), de Walter Salles y Daniela Thomas, filme fundamental de este nuevo renacimiento del cine brasileño, jamás estrenado en Buenos Aires.©
Fuentes: FilmB, ANCINE, Kinoforum, Embajada del Brasil en Buenos Aires, Departamento de Cultura del Ministerio de Relaciones Exteriores del Brasil. |
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