Agosto 2005

 

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por ROBERTO VALLE

 

Tras un largo período de "depresión" cinematográfica, en el 2000, Francia recuperó la vitalidad productiva hasta completar un total de ciento setenta y un largometrajes (ciento cuarenta y cinco "nacionales", el resto en co-producción con otros países) superando, por lejos, el promedio de la década que había sido de ciento cuarenta y nueve películas. Ese mismo año, logró consolidar para sus filmes, una cuota de mercado del 30%, mientras que, en febrero del año siguiente, rebasó la marca histórica del 60% (hay que pensar que el cine argentino, durante el 2004, obtuvo en nuestro país una cuota de apenas un 13%, tres puntos más de lo que había logrado en el período precedente).

¿Qué reflejan, a priori, estas cifras? En primer lugar, que en los últimos años, el cine francés logró establecer una decisiva barrera de contención contra el avance de la industria cinematográfica estadounidense. Aunque las películas de Hollywood sigan acaparando la mayor parte de las pantallas, del público y de la recaudación, en Francia la producción autóctona mantiene un espacio de difusión considerable.

En otra instancia, hoy por hoy, la francesa es la única cinematografía occidental capaz de "amedrentar", aunque más no sea de a ratos, al imbatible "tanque americano".

 

Salir de casa

 

Tal posición en la cartelera local, se ve reforzada por y asociada al trabajo de difusión que, de manera sostenida, realizan el Ministerio de Asuntos Exteriores, Unifrance e instituciones culturales como la Alianza Francesa (ver recuadro aparte), a fin de que el cine francés circule por todo el planeta y sirva para establecer puentes culturales con otros países.

Buenos Aires es una de las ciudades que, históricamente, ha dado mejor recepción a la cinematografía europea, en general, y a la francesa, en particular.

Repasemos algunos números.

 

Números cantan

 

Entre 2000 y 2003, según cifras oficiales del CNC (Centre National de la Cinématographie), se produjeron en Francia setecientos ochenta y siete largometrajes. Es decir, un promedio anual de ciento noventa y seis. De ese total, ¿qué cantidad (y calidad) llegó a Buenos Aires?

Dada la ausencia de estadísticas oficiales al respecto, no es fácil redondear cifras. De todos modos, si se repasan las películas que tuvieron estreno comercial en ese período, el resultado da un número aproximado de noventa y ocho estrenos (de producción o co-producción francesa). Esto es, un promedio cercano a los veinticuatro por año.

Si a esto le sumamos los lanzamientos "directo a video", se obtiene como resultado que, sólo un 17% del total de películas producidas en Francia, fueron difundidas a través del circuito comercial (de cine y video).

En ese plan, pasaron por la cartelera un puñado de filmes elogiables como El gusto de los otros (2000) de Agnès Jaoui, Intimidad (2001) de Patrice Chéreau o La profesora de piano (2001) de Michael Haneke, algunos con excelente repercusión de público -como fue el caso de Amelie (2001) de Jean-Pierre Jeunet- y varios más algo deshonrrosos que preferimos ahorrarnos la desdicha de recordar.

El porcentaje no está nada mal si se considera que otras cinematografías europeas (alemana, española, italiana, inglesa o nórdica) o, peor aún, las de Latinoamérica y Asia no alcanzan siquiera a rozar esa cifra.

Ahora bien, a un lado la oferta comercial, hay que decir que gran parte del cine francés que se exhibe en el país -sobre todo aquel que asume un riesgo estético mayor y cierto compromiso político en los temas que aborda y que, a lo mejor por eso no resulta un "buen negocio" para los exhibidores-, lo hace a través de los espacios alternativos.

Siguiendo esta lógica, películas como Baise-moi (2000) de Virginie Despentes o Les Blessures Assassines (2000) de Jean-Pierre Denis (para citar dos propuestas con algún grado de controversia), sólo pudieron ser vistas merced a los buenos oficios de los festivales de Buenos Aires y Mar del Plata, respectivamente.

Si bien es cierto que cineastas como Chabrol, Ozon o Jaoui estrenan con aceptable regularidad en las salas comerciales, también lo es que poco y nada sabríamos de la obra de Danièle Huillet y Jean-Marie Straub, o Benoît Jacquot de no ser por los festivales, los ciclos y retrospectivas que tienen lugar en las "otras" salas.

 

Cosecha 2005

 

En lo que va del año, casi una decena de películas de origen francés pasaron por el circuito comercial. Entre ellas, Como una imagen (Agnès Jaoui), Los coristas (Christophe Barratier), Clean (Olivier Assayas) y La dama de honor (Claude Chabrol). En cambio, más de sesenta se exhibieron en la última edición del BAFICI.©

 

Defensores de la diversidad

"Entendemos la cultura como un servicio público a la comunidad" -afirma Yann Lorvo, Director de la Alianza Francesa de Buenos Aires. "Estamos comprometidos con la diversidad cultural y sabemos que ese combate es colectivo. Si queremos evitar un mundo unipolar, hay que permitir que cada cultura salve sus propias riquezas. Si mi vecino pierde su idioma, su teatro, su cine, su literatura, su filosofía, su libertad de expresión, se pierde un tesoro irrecuperable y, esa pérdida, nos debilitará a todos. Una fruta que desaparece, es un sabor que desaparece. Podrán inventar manzanas químicas. Yo prefiero, la manzana con el gusano adentro".

En este sentido, la Alianza (que cuenta con noventa y siete delegaciones en todo el país y, este año, sumó su sede a los puntos de exhibición del BAFICI) no sólo se dedica a la divulgación del cine francés, a través de su sala y su mediateca. Entre otras acciones, organiza eventos en cooperación con institutos culturales extranjeros (en agosto, con el Goethe, presenta una nueva edición de Cinemix), auspicia el ciclo de cine argentino que organiza la revista Haciendo Cine ("Con esta actividad, nos encontramos en el corazón de una movida. En un lugar interesante, además, porque aprendemos mucho de la sociedad argentina. Sus sueños, sus fantasmas") y promueve el debate en torno a nuevas exploraciones audiovisuales.

"La mundialización no debe tender a la unipolaridad" -insiste Lorvo. "No tenemos ganas de vivir en un mundo Walt Disney y con una televisión hollywoodense. Me gusta Walt Disney y el cine comercial de Hollywood, pero no los veo como un fin en sí mismos. Yo necesito el cine independiente, el teatro, la poesía".

Por su parte, Thomas Sonsino (Agregado Audiovisual Regional del Servicio de Cooperación y de Acción Cultural de la Embajada de Francia) explica que "la Cinemateca (cuyo catálogo está disponible en www.emb-fr.int.ar) tiene alcance regional y cuenta con ciento cincuenta largometrajes, más de cien cortos y alrededor de novecientos documentales. Provee películas en 16 y 35 mm, DVD y VHS, y difunde ciclos armados por el Ministerio de Asuntos Exteriores".

Aunque es díficil concertar una estadística, Sonsino estima que, "alrededor de sesenta mil personas en todo el país, accedan a la cinematografía francesa, fuera del circuito comercial. También apoyamos festivales y estrenos de películas argentinas, organizamos talleres de guión o producción documental y trabajamos con escuelas de cine, públicas y privadas. Hay una multiplicidad de eventos en los cuales intervenimos, no solo para poner el logo de la Embajada, sino para decir que somos hermanos en la defensa de una concepción del cine y la cultura. Creemos que es fundamental que, Francia y Argentina, tengan su propio cine y sus propias imágenes".

Fuentes: Unifrance (www.unifrance.org), Centre National de la Cinématographie (www.cnc.fr).

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