Agosto 2005

 

 

 

 

 

 

 

Argentina.
2004. 10 min.

Dirección y Guión:
Juan Ronco.
Fotografía:
Nicolás Kliczkowski.
Montaje:
Delfina Castagnino y Juan Ronco.
Sonido:
Juan Ronco.
Producción:
Natalia Honikman.

 

por ROBERTO VALLE

 

Quienes decidan ver este cortometraje, deberán prestar mucha atención a la primera imagen. Tal es el valor simbólico de ese fotograma (clave fundamental para la interpretación de toda la película) que Juan Ronco, director y montajista de Las manos, vuelve a incluirlo al final, como cierre del "relato". Un plano fijo, en el que se recortan dos cúpulas (idénticas) de un templo católico, rematadas con sus correspondientes cruces, dispara múltiples sentidos cuando es puesto a jugar con el resto de las imágenes que componen un filme que, decididamente, huye de toda convención.

Las manos obliga al espectador a recomponer, a partir de fragmentos narrativos (algunos simplementes descriptivos) un relato que, al fin y al cabo, nunca llega a ser completado. Más que una "historia", lo que expone Juan Ronco en su película es, escencialmente, una tesis sobre el vínculo amoroso femenino (el filme tiene como protagonistas a dos mujeres, interpretadas por las actrices Jazmín López y Jill Mulleady).

Pero lo hace apelando a una serie de recursos que, de un modo u otro, amplían el campo de reflexión propuesto.

Mientras la voz off (presumiblemente, de una de las protagonistas) repasa los textos de algún tratado de anatomía, en el cual se describe con detalle las mutilaciones quirúrgicas a las que pueden ser sometidas las manos, las imágenes dan cuenta de situaciones y espacios que poco o nada tienen que ver con el relato "de fondo". Sin embargo, esta bifurcación aparente (entre texto e imagen), no es más que una estrategia para potenciar la participación del espectador que, como está dicho, debe "dar sentido" a lo que ve y escucha.

A tal fin, Ronco dispersó, módicas y sutiles claves que servirán para comprender su filme. No es casual que el personaje que encarna Jazmín López lleve en todo momento, una cruz colgando de su cuello, ni que se encuentre tan atribulada en los principios científicos que rigen el organismo humano.

Tampoco lo es que la otra protagonista (objeto de deseo del personaje de López), en cambio, tenga cierta inclinación hacia el arte (pinta, toca el piano) y la cultura oriental (lee el I-Ching y, en la calle, se detiene a voltear una carta de Tarot).

Oriente y Occidente. Lo racional y lo místico. Entre ambas orillas, los puentes. ¿Serán las manos el puente que acerca a esas dos mujeres?

Más allá de la conclusión a la que se arribe, Las manos es un filme para ver una y otra vez hasta comprobar que, las mejores películas, son aquellas que jamás agotan su capacidad de generar sentidos.©

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