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Lo suyo podría haber sido la pintura, pero el azar la puso frente al cine y todo cambió. Dolly Pussi era parte de un importante grupo de artistas de Santa Fe, la ciudad en la que nació. Como docente, enseñaba en los "clubes de niños pintores" que funcionaban en las escuelas primarias de la provincia, cuando descubrió el que sería su nuevo lenguaje. "Trabajando como maestra, un día llega un grupo de jóvenes, ponen una sábana sobre la pared del salón de actos, instalan un proyector y pasan Tire dié. Yo era socia del cineclub, porque desde los quince años me encantaba el cine, pero fue al ver esa película cuando vi reflejado allí todo lo que me interesaba, tanto desde el punto de vista artístico como desde el de la sociología y la política." El "descubrimiento" la asombró en un doble sentido: "Me sorprendió que existiera una escuela de cine en Santa Fe. Para mí era tan lejana la posibilidad de hacer cine que jamás se me hubiera ocurrido que existía esa opción." Aunque por aquel entonces Dolly estaba cursando sus estudios de psicología, la fascinación por el cine pudo más. Abandonó la carrera, también la pintura, y se inscribió en la Escuela de Cine Documental de Santa Fe para "ver qué pasaba". Y lo que pasó fue una vida "de película". A poco de terminar su último año de estudio, pasó a ser jefa de la oficina de producción de la mítica academia. En medio de intervenciones políticas e idas y vueltas extra cinematográficas, Dolly conoció al prestigioso productor Edgardo Pallero, de quien fue primero alumna y luego esposa. Por aquellos años, el gobierno de facto de José María Guido prohíbe Los cuarenta cuartos -documental de Juan Oliva sobre un conventillo famoso de la provincia- y la Universidad aprovecha el hecho para cerrar la escuela. La situación política ya era difícil y se complica en 1975 cuando el gobierno de Isabel Martínez de Perón la cierra definitivamente y todos quedan en la calle. Algunos, como Pallero, son perseguidos. Antes de eso, en los sesenta, Dolly, su marido y otra gente (entre los que se encontraba Fernando Birri) parten a Brasil, donde van a fundar la escuela de cine documental de San Pablo (impulsora de algunos filmes precursores del Cinema Novo). Luego, ella regresa a Santa Fe para realizar su tesis, pero la experiencia brasileña le abre un nuevo horizonte: "Después del viaje a Brasil, Edgardo y yo entendimos que nuestro cine (latinoamericano) debía ser un cine nuestro, valga la redundancia. Con estética y temáticas propias". Junto a su marido puso en marcha el primer festival de cine latinoamericano en Viña del Mar, evento que, entre otras cosas, motivó la creación del Comité de Cineastas de América Latina, quizás la experiencia más interesante que haya dado hasta hoy el continente, en la búsqueda de una identidad cinematográfica singular. Esa "utopía", como la denomina Dolly, la de un cine "nuestro" que nos represente y nos identifique, sigue siendo el norte que orienta su actividad actual. Tanto en su cargo de Vicedirectora de la ENERC, como en el de Presidenta de la FEISAL, e incluso en su paso por la realización y la producción cinematográfica, esta mujer de mirada cristalina y trato amable, sigue trabajando para que las nuevas generaciones de cineastas latinoamericanos cumplan la utopía con la que ella -y tantos otros-, habían soñado. "Algo hemos hecho" -dice con sabia humildad. "Pero todavía hay mucho por hacer, sobre todo a favor de la exhibición de nuestro cine".© |
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