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"Fue justo el "Yendo de la cama al living", de Ferro. Charly, con Suéter y Los Abuelos de la Nada de soporte. Teníamos catorce años y jugábamos al metegol. En ese momento no me di cuenta pero ahora, que miro un poco para atrás, digo que a mí me produjo un quiebre, incluso, ideológico. Empecé a poner en duda lo que decían en mi casa, lo que decían en la escuela, lo que decían en la televisión, a partir de meterme en la cultura del rock. Eso me despertó la inquietud de escuchar discos y de tratar de curtir con pibes más grandes que eran los que tenían la data de la música, porque nosotros estábamos muy en la boludez ". Tras "curtir un tiempo solo", Gabriel Patrono convenció a un amigo "de meternos a sacar fotos de músicos de rock". Tras un intento fracasado (la antigua cámara de visor fijo no funcionó) decidieron anotarse en una escuela de fotografía. "Nunca perdimos el registro de la época. Seguíamos haciendo cualquier cantidad de cagadas mientras estudiábamos". Después de tres años durante los que fue visitante semanal de Obras (autofinanciaba el oficio vendiendo imágenes de rockeros a precio "simbólico"), armó la banda Entre las medias (nombre sugestivo aunque evoca los días de ensayo en una fábrica de medias). "Sigo valorando algunas ideas de ese momento pero, lo que pasaba, es que no las podíamos materializar, nos faltaban herramientas. Otra vez, tuvimos que ir a estudiar". El grupo de amigos mudó la sala de ensayo y los domingos alternaban divagaciones con proyecciones cinematográficas. "Siempre me gustó la idea de combinar. Ésa fue una obsesión. Paralelamente, me había puesto a laburar en el Centro de Capacitación de los Trabajadores de Prensa. Ahí hice un ciclo de reportajes públicos a músicos, en vivo. Fueron como tres años. Empecé a grabar todo y a documentarlo". "Gabi" cuenta su biografía con toda la cara, moviendo las manos y la cabeza, cambiando posiciones en la silla, enfatizando recuerdos atesorados, eludiendo tomar prestado el lustre de un nombre propio que no sea el suyo. "Clavados en la mitad de la década del 90, con una bronca tremenda por todo este tema de Carlos Menem, ¡cómo estaba de difícil la noche!, no se podían conseguir lugares para hacer nada, en una tarde de revelación, después de charlarlo cuatro días, dijimos: 'Nosotros tenemos que ser protagonistas, tenemos que hacer una movida que nos represente y que le sirva a la gente'. Ese día nació La nave de los sueños. Éramos tres: Pablito, José y yo". Era octubre de 1995. Ese espacio de creación y recreación colectiva que, en un principio, diluyó el límite entre lo público y lo privado, transitó por departamentos de varios barrios porteños y trazó una diagonal entre la música, el cine y las fiestas temáticas. De San Telmo a Palermo, pasando por Barracas, Monserrat y Barrio Norte, La nave fue a contramano de la circulación oficial del arte y la cultura y encontró una razón de ser en la difusión del cortometraje. Años después, la misma usina humana, dio a luz Sueños Cortos, el único festival que gira esas películas por todo el país. "No tengo que explicar porqué hago Sueños Cortos. No hay una razón lógica. Pierdo plata, me peleo con tipos que manejan otro lenguaje y que siempre me van a dejar mal parado. No me importa. Los pibes de mi generación que tenemos la suerte de poder vivir de lo que nos gusta, aunque sea a los ponchasos, tenemos la obligación de generar belleza para los que no pueden, así algún día pueden".© |
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