Agosto 2005

 

 

 

 

 

 

  Publicidad

 

Con apenas cinco años, el ingeniero Luis Colantonio vio cine por primera vez: "Era el año 45 y empezaron a circular proyectores por el pueblo. Se ponía un telón en la parroquia, sillas y se proyectaba una película. Era una cosa fascinante, misteriosa".

Aquella experiencia iniciática en Italia, se repitió a bordo del barco que trajo a la familia hasta Argentina ("Corría a ver al Topolino o a Chaplin"), y en el club Villa Primavera de Martínez, donde transcurrió la niñez y la adolescencia ("El enganche eran los seriales. La araña mortal, me acuerdo, ¡era terrible!").

"En cuarto año del Otto Krause, un profesor nos llevó al cine del zoológico, a ver Noches de circo, de Ingmar Berman. Fue el bombazo: empecé a perseguir a Fellini, a Chabrol, a Rosellini, a René Clair. Nunca más abandoné el cine".

Colantonio constata los recuerdos en la mirada de Rosa De Angelis, su cómplice en el afán cinéfilo. "El otro día alguien me preguntó cómo definiría el cineclub. Le dije que es lo opuesto de lo que hace un coleccionista que atesora películas para verlas en soledad. Este cineclub, no sé si todos funcionan igual, tiene como propósito compartirlas. Por eso, después de la proyección, la gente está invitada a tomar un cafecito, a intercambiar impresiones".

Luis y Rosa, cuentan que debutaron en el cineclub Jaén -en la Biblioteca Popular José Ingenieros, del barrio de Villa Crespo-, con un ciclo de François Truffaut "que tuvo un éxito formidable. No entendíamos qué pasaba. ¡Metimos noventa personas!"

Luego, durante seis años, pasaron cine en el Banco Credicoop de la calle Camargo. "Los empleados se quejaban porque no los dejábamos hacer horas extras. Les decíamos que el cine era más importante…. (risas). Un día se asustaron y nos echaron. ¡Un tipo que va al cine, no va a asaltar un banco!", conjeturan con sensatez.

Antes de convertir su casa en sala de exhibición (1999), la pareja también desplegó la labor cineclubista en un local partidario del Frente Grande. Rosa es la encargada de presentar las películas y coordinar el debate. "El espectador de cineclub quiere hablar antes que "dejarse hablar" por el cine y acepta el desafío de que queden preguntas flotando…", dice la psicóloga social que un día decidió volver a la facultad a cursar materias y seminarios de cine "para no guitarrear".

Luis agrega que "el quien frecuenta el cineclub, a lo largo del tiempo, aprende a decodificar las imágenes. Nos alegra el cambio del tipo que era un cascote inicial, con perdón del cascote… (risas). Si hay aprendizaje se debe, sobre todo, a la rutina de mirar películas. Además damos información de cada director, los datos históricos de una película... Una vez me puse a investigar si Bergman y Fellini se habían cruzado y descubrí que sí. Esas cosas me apasionan. Me imagino los debates entre Chabrol y Truffaut… o que aparece Godard y se pudre todo…".

En Cineclub Eco se proyectan filmes en 16 mm, en VHS y en DVD. "Ése proyectorcito que está colgado es el viaje que no hicimos…. ¡No conoceré Europa!", suspira Rosa entre la picardía y la nostalgia.

"La opción fue buena. Europa sigue estando ahí…", afirma el "Tano" que cuando alguien le pregunta "¿qué quiso decir el director?", invariablemente, contesta: "Si hubiera una respuesta a esa pregunta, los críticos tendrían razón cuando le ponen tres tenedores o dos mandarinas a una película. Creo que, en el cine, las respuestas son múltiples porque, cada espectador, ve una película distinta".©

Quiénes somos | Mapa de sitio | Publicidad

Prohibida la reproducción total o parcial del contenido de este sitio.
Cinecrópolis es propiedad de María Iribarren y Roberto Valle.
Optimizado 800 x 600. Buenos Aires, Argentina.