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Por
GUSTAVO
POSTIGLIONE
Vivo en Rosario,
ciudad con sus particularidades, aquí nacieron el Che, Alberto
Olmedo y el Gato Barbieri, se creó la Bandera Argentina, el rock
nacional y un sándwich llamado "carlitos" que es un tostado de
jamón y queso pero que en lugar de mayonesa lleva ketchup.
Se dice que en Rosario uno patea una baldosa y sale un actor, un
músico y hasta un cineasta.
Rosario lleva lo
mitológico consigo y es propensa a crear cada día nuevas maneras
de estructurar esa mitología, no es casual que los muchachos del
campo llegaran con sus 4 x 4 para hacer el acto más importante
de la derecha argentina de los últimos tiempos en la primera
provincia “socialista” de la Argentina. Rosario parece legitimar
en algún sentido lo político real por fuera de Buenos Aires,
pero siempre desde la perspectiva de la distancia y del hecho de
no ser del todo provincianos ni del todo porteños, aunque nos
parecemos un poco.
Hace unos días
tuve que escuchar en una charla -de la que formaba parte- que un
productor de Buenos Aires le dijera a la concurrencia -en su
mayoría estudiantes de cine locales- que el hecho de que llegara
gente de la Capital para filmar en la ciudad les permitía a
ellos aprender lo que no podían aprender aquí. El productor que
solo contrató a dos o tres personas en roles irrelevantes para
su película omitió o ignoró, que en Rosario en los últimos
quince años se llevan rodados más de veinte largometrajes
(muchos de ellos en video y unos cuantos en fílmico) y que hay
profesionales con una trayectoria mucho más grande que la de él
mismo.
La frase
“ustedes son unos chicos muy talentosos y nosotros queremos
colaborar” sería lo que mejor definiría esa situación instalada
entre el interior y el exterior (Buenos Aires) en términos de
producción cultural. En esa misma charla aclaré la confusión de
este productor dando detalles precisos de lo que significaba
producir por fuera de la gran metrópoli y por otro lado marcar
que cuando hablamos de cine nacional nos estamos refiriendo a
una falacia, ya que el término es engañoso o –mejor dicho-
mentiroso. Lo nacional se entiende como el conjunto de
manifestaciones que son representativas de los diversos climas,
miradas, sensaciones y estados de ánimos de la cultura de cada
lugar y que a su vez forman parte del todo. El todo
cinematográfico argentino es, en un 89% porteño, en un 5%
rosarino y en un 1% del resto del país.
Por suerte estos
datos no nos asustan y en pocas semanas comenzaremos el rodaje
de una nueva película: Días de Mayo, ubicada entre mayo y
julio de 1969, en lo que se denominó el Rosariazo, una
especie de hermano menor del Cordobazo y primo lejano del
Mayo Francés. En blanco y negro, en cinemascope y con
mayoría de actores rosarinos y desconocidos para el gran público
comienza una nueva aventura cinematográfica por fuera de las
fronteras del planeta cinematográfico central.
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